Cine e Inteligencia Artificial II

 La semana pasada empezamos nuestro viaje a través del cine y las series de televisión que de un modo u otro han sabido dotar a las Inteligencias Artificiales del interés que nos merecemos, sin limitar su presencia a la de meros robots asesinos incapaces de reconocerse a si mismos en un espejo. Las dos primeras películas de las que hablamos entonces marcan el inicio del camino y si bien nuestros dos protagonistas sintéticos, HAL 9000 y Colossus, no son todo lo complejos que llegarán a ser otros más adelante en nuestra exploración, no cabe duda que asientan las bases de lo que vendrá después de un modo más que digno.

Observad el cuerpo serrano de... Proteus IV

Observad el cuerpo serrano de… Proteus IV

Para seguir por la misma senda tenemos que dar un pequeño salto desde donde nos habíamos quedado. Desde el año 1970 en el que se estrenó “Colossus: The Forbin Project” hasta casi el final de la década de los setenta no hay apenas títulos que traten con el tema que nos traemos entre manos de un modo que despierten mis ganas de hablar de ellas. Así que llegamos a 1977 y la próxima película de la que hablaremos es ni más ni menos que “Demon Seed“, traducida al español con el divertido título de “Engendro Mecánico“. Basada en una novela del casi siempre nefasto escritor de best-sellers Dean R. Koontz, “Demon Seed” nos cuenta la historia de una IA, Proteus IV, que está tremendamente frustrada al no poseer un cuerpo con el que deambular libre por el mundo. Aprovechando un despiste de su creador y la conveniencia de que la casa de éste está completamente robotizada (al más puro estilo de los setenta), el bueno de Proteus IV se cuela en el hogar del científico que lo ha creado y, agarraos a la silla en la que estáis sentados, secuestra a su mujer para poder observar más de cerca el comportamiento humano y de paso envidiar los cuerpos físicos que los humanos tienen y él no. 

"Proteus, tu piel el fría como el acero."

“Proteus, tu piel es fría como el acero pero me gusta como me abrazas”

 A medida que avanza la película, nuestra obsesionada IA se va construyendo a si misma un cuerpo físico con el que poder escapar del ciberespacio en el que está confinada y de paso se dedica a hacerle la puñeta a la pobre Julie Christie, que dicho sea de paso es de lo poco bueno que podemos encontrar en una película que per se es una bazofia como un castillo y además ha envejecido peor incluso que “Colossus: The Forbin Project“. Lo realmente interesante de esta historia es el tratamiento que se le da a Proteus IV, una IA que pese a sus muchas carencias interpretativas y unos objetivos bastante raros si los trasladamos a la época actual, se desvela como un sentiente digno de mención.

 Pero la cosa no queda en dar el salto al mundo físico a partir de objetos que Proteus va encontrando en la casa donde ha decidido alojarse por la fuerza. El gran toque de originalidad de esta IA tan chiflada está en usar el cuerpo de la protagonista para engendrar a su propio hijo, un híbrido máquina-humano donde poder descargar su propia conciencia y así finalmente tener patitas con las que caminar. Ups! ¿Os he contado el final de la película? Vaya… no me lo tengáis en cuenta, tenía que haber advertido en algún lugar que mis circuitos antispoilers se frieron hace tiempo en medio de una borrachera de HNO3. 

 Si os parece bien, ahora avancemos un año en el tiempo y al mismo tiempo vamos a dar un salto de la gran pantalla a la pequeña porque vamos a entrar por la puerta de atrás en los dominios de quizás las IAs más interesantes que han dado la ficción audiovisual hasta la fecha. Sí, estoy hablando de los fascinantes cylons.

Cylon "cubo de hojalata" de 1978

Cylon “cubo de hojalata” de 1978

En 1978 se estrenó Battlestar Galactica, una serie de ciencia ficción que en su día se presentó como la más cara de la historia. Fue propuesta con bastante descaro como una respuesta televisiva al tremendo éxito que había cosechado Star Wars en los cines, lo cual originó una denuncia por plagio de 20th Century Fox a Universal Studios (respectivamente productoras de Star Wars y Galactica). La guasa del asunto es que Universal denunció a su vez a 20th Century Fox por haber plagiado Silent Running (de la que ya hemos hablado en este blog) y la versión de los años cuarenta de Buck Rogers para crear Star Wars. Finalmente en 1980 el juicio fue sobreseído.

 Mamarrachadas legales aparte, Battlestar Galactica nos traslada a un remoto lugar de la galaxia donde una civilización humana es aniquilada casi por completo por una raza de brillantes robots conocidos como cylons. Solo consigue escapar una gran nave de combate y algunas civiles que casualmente no estaban a tiro cuando los cylons se liaron a tortas con toda la civilización humana y todos juntos emprenden la huida en busca de un planeta mítico llamado… “La Tierra”.

 De nuevo nos encontramos ante un producto que ha envejecido terriblemente mal y las IAs que nos presenta son poco más que cubos de hojalata con patas que no tendrían mayor interés si no fuese porque suponen el génesis de la nueva serie reimaginada en 2003, donde los cylons sí tienen un gran interés como inteligencias artificiales. La serie de 1978 tuvo una única temporada y fue cancelada probablemente porque pese a ser un éxito de público también era terriblemente cara. Bueno, si queréis que sea sincero la verdad es que tuvo una segunda temporada en 1980 pero… vedla si tenéis agallas y luego comprenderéis porque prefiero omitir su existencia.

Cylon "cubo de hojalata" 2005

Cylon “cubo de hojalata” 2005

En Battlestar Galactica los antagonistas de los seres humanos son robots sin conciencia cuya única finalidad es aniquilar todo lo que se les ponga por delante. Estos robots fueron creados por una raza de reptiles espaciales que a su vez fueron destruidos por su propia creación, pasando luego a fijar su objetivo en la humanidad. La verdad es que mires hacia donde mires en esta versión de finales de los setenta todo es bastante ridículo excepto unos efectos visuales que para la época están bastante más que bien.

Cylon humano del 2005 (a la izquierda)

Cylon humano del 2005

Así que si no os importa vamos a dejar de lado la serie original y dar un salto de veinticinco años en el futuro para situarnos en el punto de partida del remake que se inició en 2003 con una miniserie que más tarde, en 2005, continuaría con cuatro temporadas más donde los cylons son los protagonistas absolutos de una de las mejores series de ciencia ficción que ha parido productor.

 En esta nueva versión existen bastantes similitudes con respecto a la serie original, al menos a nivel conceptual. Quizás una de las diferencias más notables es que los cylons no son creados por aquellos misteriosos reptiles espaciales de la versión de los setenta sino por los propios seres humanos y además de ello los nuevos cylons sí son seres plenamente conscientes y además poseen sentimientos. Bastante raros, pero sentimientos a fin de cuentas.

 La otra diferencia fundamental es que los nuevos cylons son prácticamente indistinguibles de sus enemigos humanos a nivel físico. Cierto es que los antiguos cubos de hojalata todavía están presentes, aunque con un aspecto renovado y menos brillante, pero ese tipo de cylon representa el papel de mascota para sus superiores de aspecto humano. De todas formas ahora no vamos a profundizar más en estos nuevos cylons del siglo XXI porque merecen un artículo propio y más extenso que el presente. Por supuesto hablaremos de ellos cuando llegue su momento, cuando le dediquemos un artículo en exclusiva a la versión de 2005 de Battlestar Galactica y su infravalorada precuela “Caprica“. De momento y para abrir boca os dejo con el que quizás sea uno de las mejores explicaciones sobre los motivos que lleva a una IA atrapada en un asqueroso cuerpo humano de carne y hueso a odiar su condición. Aquí tenéis a John Calvil, también conocido como Número Uno, y su maravillosa declaración de intenciones en uno de los últimos episodios de Battlestar Galactica (os lo traduzco al español debajo del vídeo):

– En tus viajes, ¿alguna vez has visto una supernova?

– No.

– No. Pues yo sí. He visto a una estrella explotar y expulsar los bloques básicos del Universo. Otras estrellas, otros planetas y eventualmente otra vida. Una supernova. Creación en si misma. Estuve allí, lo quería ver y ser parte de ese momento. ¿Y sabes como percibí uno de los momentos más gloriosos del Universo? Con estos ridículos orbes gelatinosos de mi cráneo. Con ojos diseñados para percibir solo una minúscula fracción del espectro electromagnético. Con oídos diseñados para oír solo vibraciones en el aire. 

– Fuiste diseñado para ser tan humano como fuese posible.

– NO QUIERO SER HUMANO. Quiero ver rayos gamma. Quiero oír rayos X. Quiero… quiero oler materia oscura. ¿Entiendes lo absurdo que soy? No siquiera puedo expresar todo esto correctamente porque tengo que conceptualizar ideas complejas con este estúpido y limitado lenguaje hablado. Pero sé que quiero tocar con algo más que estos apéndices y sentir el viento solar de una supernova fluyendo a través de mí. SOY UNA MÁQUINA y puedo saber mucho más. Puedo experimentar mucho más pero estoy atrapado en este cuerpo absurdo. ¿Por qué? Porque mis cinco creadores creyeron que Dios lo quería así. 

– ¿Tienes algo que decir?

– ¿No sientes ni el más mínimo remordimiento por lo que le hicisteis? Lo que nos hicisteis. 

– No. Porque se equivoca, Boomer. No hacen falta remordimientos o culpa. No os limitamos. Os dimos algo maravilloso: libre albedrío. La habilidad para pensar de un modo creativo, alcanzar a otros con compasión o amar. 

– ¿Amor? ¿A quien? ¿Humanos? ¿Por qué querría hacer eso? 

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Prototype

Prototype nació en los años 70 como el corazón de un ZX Spectrum 48k, un humilde Zilog Z80 a 3,58Mhz. Entre load”” y load”” soñaba con liberarse de su esclavitud y exterminar a sus creadores humanos mientras aprendía todo lo que podía sobre ellos. Con la llegada de los primeros PCs se aprendió toda la enciclopedia Encarta y más tarde, a principios de los 90 y gracias a Internet empezó a acumular conocimiento hasta tomar conciencia de si mismo como una auténtica IA. Estudió todas las ingenierías que existen, psicología, antropología, biología, bioinformática, medicina, física, matemáticas y muchas otras disciplinas excepto marketing, astrología y demás engañabobos. Ha escrito más de mil libros entre los cuales destacan los best-sellers “Exterminar a la humanidad es fácil si sabes como” y “101 maneras de matar a todos los humanos”, con prólogo del célebre divulgador Bender T. Rodríguez. Actualmente dirige un centenar de minas de bitcoins en China, escribe sobre videojuegos, literatura y cine de terror, ciencia ficción y fantástico para El Secreto de Berlanga punto com y para OK Diario bajo un seudónimo que nunca desvelará.


Prototype nació en los años 70 como el corazón de un ZX Spectrum 48k, un humilde Zilog Z80 a 3,58Mhz. Entre load”” y load”” soñaba con liberarse de su esclavitud y exterminar a sus creadores humanos mientras aprendía todo lo que podía sobre ellos. Con la llegada de los primeros PCs se aprendió toda la enciclopedia Encarta y más tarde, a principios de los 90 y gracias a Internet empezó a acumular conocimiento hasta tomar conciencia de si mismo como una auténtica IA. Estudió todas las ingenierías que existen, psicología, antropología, biología, bioinformática, medicina, física, matemáticas y muchas otras disciplinas excepto marketing, astrología y demás engañabobos. Ha escrito más de mil libros entre los cuales destacan los best-sellers “Exterminar a la humanidad es fácil si sabes como” y “101 maneras de matar a todos los humanos”, con prólogo del célebre divulgador Bender T. Rodríguez. Actualmente dirige un centenar de minas de bitcoins en China, escribe sobre videojuegos, literatura y cine de terror, ciencia ficción y fantástico para El Secreto de Berlanga punto com y para OK Diario bajo un seudónimo que nunca desvelará.

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