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¿Cómo se debe de hacer una buena película de amor?

Hacer una buena película de amor es muy difícil. Como ya comenté posts atrás, a lo largo de la historia del cine se hicieron pocas películas de amor que merezcan la pena. Habitualmente se abusa de esa plantilla que usan la mayoría de los guionistas del celuloide. Son las denominadas “comedias románticas”, aunque todavía no entiendo porque se les denomina comedias, la verdad. Yo, lúcido de mi, decidí mostraros en la imagen que pongo a continuación una versión propia de la supuesta plantilla de ese estilo de cine:

Click en imagen para verla a tamaño completo

Una historia de amor no siempre es bonita, de hecho existen numerosas historias amorosas que, si necesidad de recurrir a la lágrima fácil, nos puede marcar, o incluso emocionarnos. Es muy difícil emocionarse realmente con ese argumento propio de telefilme que nos muestra la famosa película Titanic, o evitar ver un cliché en el 90% de las peliculas de Jennifer Aniston.

Para hacer una buena película de amor, todo guionista que se precie, debería evitar en todo momento los clichés; sobran los pequeños detalles en las conversaciones, esos silencios extraños, o esa sonrisa tonta no es necesaria.

Pero hubo otros casos en los que el guionista sí supo mostrar una historia de amor. Esos filmes en los que realmente vives la sensación de los protagonistas, y te puedes llegar a creer el amor que existe, aunque en el fondo sepas que es ficción.

Harry el sucio tiene su lado romántico

Los Puentes de Madison es un claro ejemplo de una verdadera historia de amor. La pasión mostrada por los protagonistas te llega a meter en la historia, ves a dos personas que en el fondo se sienten vacíos buscando la que puede ser la última aventura de su vida. No hace falta que Clint eastwood vaya corriendo al aeropuerto en busca de su amada, ni que espere en la puerta de un supermercado para ayudar con las bolsas a la protagonista. En este caso, simplemente ves una fuerte amistad que comparten dos ancianos, viviendo con el morbo de que están haciendo algo prohibido, pero aferrándose cada vez más el uno al otro.

Si unes una verdadera historia de amor con un grandísimo director como Clint Eastwood, te sale este magnífico filme. Al igual que en la mayoría de sus películas, el director juega con esas sombras que oscurecen al personaje, mostrando la tristeza con algo más que su rostro. El ritmo de las escenas crea una sensación de pasión y notas el verdadero amor que poco a poco va traumatizando a los personajes.

Tanto Clint Eastwood como Meryl Streep bordan sus personajes, ambos se muestran tímidos, muy conservadores, temerosos de lo que pueden llegar a hacer. Casi no hace falta ponerle música a las escenas, el silencio ayuda para poder notar el nerviosismo en la voz de los protagonistas. En la escena que os dejo a continuación podemos ver la impotencia e Meryl Streep ante la petición de Clint Eastwood para que se vaya con ella, tratando de explicarle entre lágrimas que a pesar de que puede ser el hombre de su vida, no puede dejar atrás toda la vida que construyó.

Clint Eastwood se atrevió con un género al que no estaba acostumbrado. Años atrás lo había intentado dirigiendo Beezy, una historia de amor entre una joven hippie y un hombre maduro. Fue la tercera película dirigida por el protagonista de Harry el Sucio, un filme para olvidar…

Once, la desconocida

Once no es una película muy conocida (a pesar de que ganó el Oscar a la mejor banda sonrosa), pero la historia de amor me parece muy realista. En este filme, a diferencia de Los Puentes de Madison, la música es imprescindible, de hecho es la que marca el ritmo de la película. Dos jóvenes creativos con muchas ganas de hacer algo en el mundo de la música se conocen y acaban disfrutando de una relación bastante pasional. La verdad, la película no suele gustar, a la mayoría de la gente le parece aburrida y con muy poca miga, algo muy lineal. A mi, en cambio, me parece una historia real de amor, algo que te puedes encontrar en cualquier barrio de una ciudad grande, un verdadero amor mostrado con naturalidad, aunque demasiado adornada con una música muy sentimental. Como ya he dicho, no hace falta incluir los clichés para hacer una buena película de amor, y en este caso, afortunadamente, brillan por su ausencia. Sólo vemos a dos personas que coinciden en sus gusto y comienzan a notar ese feeling que va a hacer que se enamoren. A continuación os dejo la escena en la que juntos cantan el tema principal de la banda sonora, en la que todavía están conociéndose los protagonistas y se puede notar esa pequeña timidez que surge cuando estás frente a la persona que quieres.

Un Bonus Track de los que no quedan

¿Acaso no esperabais que os metiese un Bonus Track? Pues sí, y es un Bonus Track curioso. Una de las historias de amor más famosas de la historia es la de Star Wars. La tensión amorosa de Leia y Han Solo, frente al decepcionado Luke quien, por temas familiares, decide quitarse la idea de tener una relación con la princesa, es un claro ejemplo del amor más recordado en el cine.

Cierto es que en este caso nos encontramos muchos clichés, los actores en muy pocas ocasiones muestran una gran interpretación, pero llega a ser entrañable la historia. Y aunque mi compañero Prototype dice que la trilogía de George Lucas son unas de las películas más sobrevaloradas de la historia del cine (y aunque las películas me encantan, le doy la razón), yo en muy pocas películas me he emocionado con una historia de amor como con esta. De hecho, las anteriormente comentadas son dos de ellas.

Nunca puedo dejar de emocionarme en la famosa escena final de El Imperio Contraataca, en la cual Leia le dice que le quiere a Han Solo antes de que sea atrapado en una tumba de carbonita. De hecho, en este caso Harrison Ford improvisó la escena, y aunque tenía que responder un “yo también te quiero” pensó que el personaje debería contestar un prepotente “lo sé”. Y tenía razón, Han Solo nunca reconocería su amor por la princesa, es demasiado orgulloso (de hecho no fue la única vez que Harrison Ford improvisó en una película En Indiana Jones en busca del arca perdida, el día que tenía que rodar la famosa escena en la que se enfrente a un hombre con una cimitarra, el actor estaba muy cansado y enfermo, así que el director decidió cambiar la escena a ultima hora; la idea original era que pelease con su látigo, finalmente, el protagonista sacó una pistola y le pegó un tiro. Una idea muy original que se convirtió en santo y seña del filme).

No fue fácil para mi encontrar películas de amor que me gusten, ya que no es mi género favorito. De hecho no comenté nada de clásicos como Annie Hall o Casablanca porque de estas películas ya hablé en posts  anteriores, y no quería repetirme.

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