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Las bicicletas son para el verano: cuando la historia nos supera

Muchas son las películas que han reflejado la Guerra Civil Española (1936-1939), pero quizás ninguna la ha mostrado como Las bicicletas son para el verano (Jaime Chavarri, 1984). Este filme, híbrido entre la comedia de costumbres y el sainete madrileño, nos narra cómo la existencia de unos personajes en el Madrid de la década de 1930 se ve arrasada por un conflicto que aunque se intuía, llega de repente y sin avisar.

En abril de 1982 se estrenó en el Teatro Español de Madrid la obra Las bicicletas son para el verano. Su autor es uno de los personajes más polifacéticos que la cultura española ha dado al mundo en el siglo XX: Fernando Fernán Gómez, hombre de cine, teatro, literatura, televisión e, incluso, música. Su estreno se había hecho esperar, puesto que ya en 1977 había ganado un premio del Ayuntamiento de Madrid. Aún así, la función resultó apoteósica y el cartel de No hay entradas se colgó durante un considerable periodo de tiempo. Los periódicos resaltaron el acierto de Fernán Gómez a la hora de reflejar la evolución de la vida de unos personajes en Madrid desde los días previos a la Guerra Civil en julio de 1936 hasta su finalización en abril de 1939, además de la excelente labor de uno de los actores: Agustín González, que interpretaba al padre de la familia protagonista.

Fernando Fernán Gómez (1921-2007). Detrás de una pose de persona arisca y desagradable, se escondía uno de los personajes más polifacéticos de la cultura española de la segunda mitad del siglo XX.

El gran éxito de la obra motivó a los productores Alfredo Matas y José Vicuña a financiar una adaptación cinematográfica. El guión le fue encargado a Dolores Salvador Maldonado y la dirección del filme a Jaime Chávarri. Chávarri no era ningún desconocido en el mundo cinematográfico español: a pesar de su juventud, venía de estrenar con éxito en 1983 el drama Bearn o la sala de las muñecas. Agustín González fue el único actor del elenco de la obra teatral que participó en la película. Para el resto de papeles principales se eligió a Amparo Soler Leal, Victoria Abril y un jovencísimo Gabino Diego en el que sería su primer papel. Algunos de los personajes secundarios fueron también encarnados por caras conocidas del cine español: Marisa Paredes, Alicia Hermida o Emilio Gutiérrez Cada.

Jaime Chávarri (1943-), director de la película.

El filme refleja la existencia cotidiana de una familia de clase media formada por Don Luis (González), un oficinista de ideas republicanas; doña Dolores (Soler Leal), su esposa de ideas más tradicionales, y sus hijos Manolita (Abril), una joven maestra con vocación teatral, y Luisito (Diego). Las relaciones entre los miembros de la familia y las de éstos con los vecinos del edificio en que residen sirven para componer un fresco de la vida cotidiana en el Madrid de la época en el que no falta el humor en ningún momento. La película se inicia en julio de 1936, cuando la mayor preocupación de Luisito es que su padre no le quiere comprar una bicicleta hasta que apruebe los exámenes de septiembre; Luisito le dice a su padre que la necesita ya, puesto que las bicicletas son para el verano. La familia se ve sorprendida por el estallido de la Guerra Civil el 18 de julio de 1936. En un primer momento, parece que la guerra es algo lejano pero, poco a poco, la contienda va poniéndolos a prueba. A lo largo de la película, los personajes van sufriendo un desengaño y una pérdida de inocencia paralela a la maduración de Luisito, que deja de ser un niño para convertirse en un adulto. El filme, como la obra de teatro, muestra a unos seres totalmente superados por la situación, que no saben cómo reaccionar ante el miedo, el hambre, la angustia y los cambios en la sociedad (e incluso en la lógica) que acarrea la situación bélica. El final resulta demoledor, la tan ansiada paz resulta ser una época tan dramática como la contienda puesto que, como le dice Don Luis a su hijo, no ha llegado al paz, que ha llegado la victoria.

La familia protagonista: Don Luis (Agustín González) y Doña Dolores (Amparo Soler Leal) son los padres de Manolita (Victoria Abril) y Luisito (Gabino Diego).

Uno de los mayores aciertos del filme es su fotografía. La cinta se inicia con escenas rodadas en exteriores, luminosas como el verano en Madrid. A medida que avanza la película, la fotografía se va oscureciendo y los escenarios se vuelven cerrados y claustrofóbicos. Para lograr esta ambientación, los productores del filme contaron con el director artístico Gil Parrondo, ganador de dos premios Óscar.

Gil Parrondo (1921-2016). A pesar de ser bastante desconocido para el gran público, el director artístico Gil Parrondo, fue uno de los profesionales cinematográficos españoles más reconocidos en todo el mundo.

La cinta contó con una cálida acogida tanto por parte de la crítica como del público y hoy en día muchos críticos la consideran una de las mejores películas del cine español. Sin embargo, el filme nunca resultó del agrado del autor de la obra de teatro, Fernando Fernán Gómez. A primera vista, podría resultar paradójico que un reputado director cinematográfico como él no se encargase de adaptar al cine una de sus obras. Según contó el propio Chávarri, Fernán Gómez pensaba que en la elaboración del guión se había eliminado la mitad de la obra teatral. En concreto, Fernán Gómez lamentaba que la película pasase de puntillas por los aspectos relacionados con el Anarquismo, ideología con la que simpatizaba el escritor,  que había gozado de una enorme relevancia en la España de la década de 1930.

Fotograma de Las bicicletas…, en que se mestra un desfile anarquista. Según un pequeño documental anexo al DVD editado en 2004, el rodaje de esta escena en la década de 1980 en un barrio de Madrid provocó sentimientos encontrados entre los vecinos que habían vivido la Guerra Civil. Algunos de ellos se retiraron al interior de sus casas con miedo, otros se emocionaron hasta las lágrimas. A pesar del tiempo transcurrido, aquellas vivencias seguían presentes para muchos.

Las bicicletas…, es una obra fundamental dentro del cine español. Fundamental por la calidad de sus actores y por la maestría técnica en sus aspectos artísticos. Fundamental porque no renuncia al humor para relatar un argumento con una fuerte carga dramática. Y fundamental porque refleja la Guerra Civil desde un punto de vista que se suele dejar de lado en los libros de historia: el de la gente corriente que se vio sorprendida por el conflicto, derrotada en todas las contiendas.

Antón L. Martínez
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