Fred Astaire: bailando por naturaleza

Hace unos pocos meses Alforfones nos habló de Gene Kelly, uno de los bailarines legendarios del Hollywood clásico. Hoy esta entrada de El secreto de Berlanga va a hacer referencia al otro gran danzante que el cine americano ha mostrado al mundo: Fred Astaire.

Astaire nació en Omaha (Nebraska, EEUU) en mayo de 1899 y recibió el nombre de Frederick Austerlitz, indicando el origen germano de sus padres. Ya desde pequeño participaba junto con su hermana Adele en espectáculos de vodevil, desplazándose la familia a Nueva York en 1905 para que los pequeños pudiesen progresar en el mundo del espectáculo. Fue en ese momento cuando ambos adoptaron el apellido Astaire, puesto que Austerlitz sugería a los espectadores la batalla homónima (1805), en que Napoleón derrotó a una coalición germano-rusa. A pesar de la absoluta carencia de formación musical, la fama de los jóvenes fue creciendo con el tiempo, llegando a atravesar el océano Atlántico para actuar en Inglaterra.

Fred y Adele Astaire hacia 1920.

En 1932 Adele se retiró de los escenarios al casarse con el hijo del duque de Devonshire y, a raíz de ello, Fred decidió probar suerte en el mundo del cine. Los comienzos fueron poco halagüeños: los productores no acababan de ver las posibilidades de aquel joven aspirante a actor (la leyenda dice que un ejecutivos se refirió a Astaire con las siguientes palabras: se le está cayendo el pelo, no sabe cantar, baila un poco). Su primer papel de cierta relevancia lo consiguió en la película Volando a Río (T. Freedland, 1933). El filme estaba protagonizado por la mejicana Dolores del Río y Fred Astaire interpretaba un papel muy secundario, formando pareja con otra leyenda: Ginger Rogers. Sin embargo, el público (y los productores) se dieron cuenta de que el mayor acierto de la cinta era aquel dúo de bailarines, caracterizados por su sencillez y elegancia. Además, Volando a Río supuso la primera colaboración entre Astaire y el coreógrafo de origen griego Hermes Pan, que se prolongaría durante años. En el siguiente video se puede ver la primera actuación del duo Astaire-Rogers:

A pesar de las reticencias de Astaire, que tras la marcha de su hermana prefería no tener una pareja fija de baile, Fred Astaire y Ginger Rogers rodaron nueve películas más con la productora RKO. Todas ellas compartían varias características: argumentos muy simplones (chico conoce a chica, discuten y se reconcilian), números musicales muy elaborados para la pareja y algún otro para lucimiento de Astaire en solitario. En todos estos filmes Fred Astaire y Hermes Pan diseñaban las coreografías y las ensayaban realizando Pan el papel de Ginger Rogers. Posteriormente, Pan se encargaba de enseñar a la actriz los pasos que debía de ejecutar. A pesar de que ante las cámaras parecían una feliz pareja, Astaire y Rogers se odiaban. Él consideraba que ella no se sacrificaba lo necesario y que era él quien sostenía a la pareja; mientras tanto, ella se sentía explotada y relegada a un papel secundario, cobrando además mucho menos que Astaire. Además, Astaire era perfeccionista hasta el extremo y no tenía reparo en rodar una misma escena una y otra vez hasta que el resultado fuese de su agrado. Sin embargo, aún no llevándose bien, ambos actores filmaron números de baile que se cuentan entre los más destacados de la historia del celuloide en filmes como La alegre divorciada (M. Sandrich, 1933), Sombrero de copa (M. Sandrich, 1935) o En alas de la danza (G. Stevens), a la que pertenece el video siguiente:

Aunque posteriormente se reunirían en 1949 para filmar Vuelve a mí, Astaire y Rogers anunciaron su separación en 1939. En ese momento Astaire también abandonó la productora RKO e inició una carrera en solitario en que formó pareja ocasionalmente con otras actrices-bailarinas legendarias como Cyd Charisse, Judy Garland, Leslie Caron o Rita Hayworth. En esa segunda etapa en solitario también rodó números de baile memorables como el siguiente, perteneciente a Bodas reales (Stanley Donen, 1951), que ni que decir tiene que resultó impactante en el momento en que se estrenó la película:

Por aquel entonces ya había surgido con fuerza otra estrella en el mundo del musical: Gene Kelly. El baile de Kelly era más acrobático y atlético que el de Astaire, más elegante y (aparentemente) sencillo. En palabras de Kelly: Astaire es el Gary Cooper de la danza y yo el Marlon Brando. A pesar de las especulaciones de la prensa, a ambos genios les unía una admiración que, con el tiempo, se convirtió en amistad. Se cuenta que Kelly iba a protagonizar el filme Desfile de Pascua (C. Walters, 1948), junto con Judy Garland; sin embargo, una intempestiva rotura del tobillo poco antes de empezar a rodar le imposibilitó bailar. El propio Kelly llamó a Astaire y le convenció para que protagonizara la película. Astaire y Kelly actuaron juntos en dos ocasiones: en el musical Ziegfield Follies (V. Minelli y otros, 1946) y en Érase una vez en Hollywood II (Gene Kelly, 1946). El siguiente video pertenece a la primera de esas producciones, cuando Astaire era una estrella en su zenit y Kelly un joven que empezaba a destacar (como manifiestan en el diálogo que antecede al número musical):

Astaire siguió actuando hasta el final de su vida. Su último gran musical fue el almibarado Una cara con ángel (Stanley Donen, 1957), en que compartía danzas con Audrey Hepburn. Aunque su último baile lo interpretó en El valle del arco iris (F. Ford Coppola, 1968), posteriormente exploró nuevos registros con papeles dramáticos. En 1974 recibió su primera nominación al Óscar al mejor actor secundario por su actuación en El coloso en llamas (J. Guillermin e I. Allen). Además, en sus últimos años trabajó con frecuencia en televisión.

Fred Astaire en una escena de El coloso en llamas con la actriz Jennifer Jones.

Astaire falleció el 22 de junio de 1987 y con él se fue uno de los grandes artistas del siglo XX. Un hombre cuyo talento trascendió el mundo del cine y que fue considerado como un genio por otros grandes bailarines como Nureyev, Alicia Alonso o Georges Balanchine.

Dos homenajes a Fred Astaire y Ginger Rogers: el filme Ginger e Fred (1986), en que Fellini muestra la decadencia a partir de una pareja de imitadores de los bailarines encarnados por Marcello Mastroianni y Giulletta Masina, y la Casa danzante de Praga (1996) de Frank Gehry inspirada en la pareja y denominada originalmente Ginger & Fred.

 

Antón L. Martínez

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