Monstruos de cine I

Uno de los géneros cinematográficos que goza de mejor salud y popularidad es el cine de terror. Tal y como trató largo y tendido Alforfones hace unos meses, existen varios recursos para suscitar terror al espectador. Algunos filmes basan su efectividad en monstruos, seres fantásticos capaces de producir el mal de diversas maneras. En esta entrada de El secreto de Berlanga revisaremos la biografía de algunos de estos monstruos de cine:

Zombis

El zombi es un personaje propio de los cultos de vudú, procedentes de algunas regiones de África. El tráfico de esclavos a partir del siglo XVI propició que estas tradiciones fueran exportadas al continente americano, arraigando especialmente en Haití. Desde este país caribeño, el personaje del zombi fue importado a EEUU por el folclorista William B. Seabrook, que relató sus vivencias en Haití en el libro La isla mágica.

Originariamente, en las primeras películas de zombis estos seres eran creados por un villano que, con diversas motivaciones, revivía a varios muertos que conservaban atributos humanos. Entre estas primeras cintas destacan La legión de los hombres sin alma (Victor Halperin, 1932), primer filme protagonizado por estos monstruos que contaba con el legendario Béla Lugosi entre su elenco, y Los muertos andan (1936), protagonizada por el también legendario Boris Karloff y dirigida por Michael Curtiz, que años después firmaría el clásico Casablanca.

Boris Karloff en Los muertos andan. Realmente, el personaje que consagró a Karloff fue el monstruo de Frankenstein, pues a él se deben las más memorables interpretaciones de este carácter concebido por Mary Shelley (como veremos en una entrada próxima de El secreto de Berlanga).

En 1968 se estrenó uno de los filmes más rentables de la historia: La noche de los muertos vivientes, dirigida por George A. Romero. A diferencia de las películas anteriores, en esta cinta los zombis no son creados por ningún ser humano, sino que se apunta a la influencia de unas ondas de radio que reviven a los muertos en todo el mundo. Además, se presenta a los zombis como unos seres primarios pero extremadamente crueles. Parece ser que el director pudo inspirarse en algunas leyendas gallegas como la Santa Compaña (procesión de almas en pena que recorren los caminos) o la Estadea (alma en pena que aparece en los cementerios) para el guión de la cinta. El abuelo de Romero procedía de Neda, un pueblo al lado de Ferrol, y había emigrado a Cuba en su juventud. A pesar de que el padre del director había dado el salto desde Cuba a Nueva York, en su infancia Romero había oído de labios de sus tías Pura y Nena historias del folclore gallego que, según posteriormente confesó, le habían causado un fuerte impacto. La noche de los muertos vivientes fue financiada mediante donaciones y sus tías (que habían huido de Cuba para establecerse en A Coruña al llegar Fidel Castro al poder), aportaron gran parte del dinero necesario para el rodaje del filme.

La noche de los muertos vivientes cosechó un gran éxito y recaudó más de treinta millones de dólares (habiendo costado poco más de cien mil dólares). Además, casi todas las películas de zombis estrenadas a partir de 1968 se inspiraron en ella al recrear diversas modalidades de apocalipsis zombi. El propio Romero se especializó en el cine de zombis, llegando a dirigir cinco películas más sobre el tema.

George A. Romero (1940-2017), padre del cine contemporáneo de zombis y descendiente de gallegos.

Vampiros

El mito del vampiro como un ser que se alimenta de sangre aparece en culturas de los cinco continentes. Desde las selvas de América a los desiertos de África pasando por los bosques de Europa, los seres humanos han concebido la existencia de  estas criaturas hematófagas. En algunas regiones del este de Europa, especialmente en la cordillera de los Cárpatos (Hungría, Rumanía, Polonia, Ucrania…), las creencias en vampiros llegaron a producir auténticas epidemias de histeria. Estas leyendas se mezclaron con el personaje de Vlad Dracula, el empalador, príncipe rumano del siglo XV conocido por su crueldad, y cristalizaron en la novela Drácula, publicada en 1897 por el irlandés Bram Stoker. El libro narra la lucha del abogado Jonathan Harker y el doctor Van Helsing contra el conde Dracula, vampiro que pretende dominar primero Inglaterra y luego el mundo.

Vlad, el empalador, príncipe de la región de Valaquia (hoy en Rumanía). El príncipe pertenecía a la casa Drăculeşti, que, aunque originalmente hacía referencia a dragón, en rumano actual dracul se traduce como demonio.

En 1896, antes de la publicación de la novela Drácula, el pionero del cine George Méliès estrenó un corto llamado La mansión del diablo, que introducía el tema del vampirismo. De todas maneras, el libro de Stoker influyó en casi todas las películas de vampiros. Una de las mejores producciones es la película alemana Nosferatu (F.W. Murnau, 1922), que plagia el argumento del libro de Stoker cambiando algunos detalles y suprimiendo varios personajes. De hecho, la viuda de Stoker inició una batalla legal contra el director que a punto estuvo de motivar la destrucción de todos los negativos de la cinta.

Fotograma de Nosferatu, protagonizada por el actor Max Schreck.

En EEUU la Universal produjo el filme Drácula en 1931 contando con uno de los actores más siniestros de la historia del cine como protagonista: Béla Lugosi. Lugosi procedía de una familia rumana de etnia húngara y se había exiliado en EEUU a causa de su militancia política en partidos de izquierda. El éxito de Drácula y su fuerte acento motivaron que fuese encasillado en papeles de terror. La productora decidió aprovechar el tirón del actor para extender una serie de rumores insinuando que el propio actor era un vampiro, llegando a exigirle que acudiese a actos en Hollywood disfrazado como tal. Sin embargo, esta estrategia comenzó a minar la salud mental del actor que empezó a sentirse cada vez más identificado con su personaje, llegando a creer que era realmente un vampiro. Además, su adicción a la morfina a causa de una herida en la Primera Guerra Mundial contribuyo a acelerar su declive psicológico. Se dice que llegó a exigir que solamente se rodase de noche, que dormía en un ataúd, que su jardín estaba decorado con lápidas y que no toleraba los ajos ni los crucifijos. Es posible que algunas sean simplemente leyendas, pero sí es cierto que su cadáver fue enterrado en 1956 vistiendo una capa de vampiro. El director Tim Burton recreó estos últimos años de Lugosi en el filme Ed Wood (1994).

Béla Lugosi (1882-1956), vampiro dentro y fuera de la pantalla.

También en la década de 1930 se sentaron las bases en Inglaterra para otro hito en el cine de vampiros al crearse la productora Hammer (uno de cuyos socios fundadores, Enrique Carreras, procedía de Asturias). A partir de la década de 1950, la productora se especializó en el cine de terror y ciencia ficción. La Hammer produjo en 1958 el filme Drácula, que consagró a otro de los actores legendarios del género: Christopher Lee. Este actor fue el primero en mostrar un vampiro de ojos inyectados en sangre y adoptó los colmillos basándose en una película mejicana de 1957 llamada, como no, El vampiro. Lee es el actor que más veces interpretó al conde.

Christopher Lee (1922-2015) en plena actuación vampírica.

En paralelo a estos filmes en que los vampiros eran presentados como seres repulsivos, también desde el cine se transmitió una imagen erótica de los vampiros que incluso llegó a cristalizar en producciones pornográficas (algo impensable en producciones protagonizadas por seres como zombis). Esta idea de los vampiros como seres deseables es la que inspiró películas recientes como las de la saga Crepúsculo.

La actriz Lauren Hutton, que interpretó a una vampiresa en algunas películas de la década de 1980.

Otra vertiente del cine de vampiros es la humorística: los vampiros han protagonizado también comedias. Uno de los mejores ejemplos es El baile de los vampiros (1967), filme que supuso el debut como director de Roman Polanski, que también participa como actor de la misma junto a la malograda Sharon Tate. Tate y Polanski iniciaron su relación sentimental precisamente durante el rodaje de la película.

Antón L. Martínez

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar