My fair lady: el musical perfecto

Hace unos meses hablamos de la evolución del género cinematográfico musical a lo largo de tiempo y comentamos que a partir de 1960 los musicales empezaron a conferir mayor importancia a las historias, dejando de ser meras sucesiones de canciones y bailes unidos por un argumento simple. A esa segunda etapa del cine musical pertenece My fair lady (1964).

My fair lady es un musical atípico: resulta muy singular que no contenga ninguna canción que hable del amor abiertamente.  Además, es un musical en que el personaje principal sufre una evolución que se ve reflejada en sus números. Otra singularidad de la película es que tampoco hay en él ninguna escena de baile. Tampoco es usual que en un musical el actor protagonista no cante sus canciones, sino que las recite. A pesar de estas particularidades, My fair lady es considerado un clásico del musical y ciertamente ninguna película del género es capaz de irradiar el optimismo y la alegría que desprenden las canciones de esta cinta.

La historia de My fair lady tiene su origen en el mito griego de Pigmalion, escultor que se enamora de su propia creación. Este mito fue recogido y adaptado por el poeta romano Ovidio en sus Metamorfosis. 1900 años después, el dramaturgo irlandés George Bernard Shaw se inspiró en este relato para escribir la obra de teatro Pygmalion, estrenada en 1913. El drama cuenta la historia de una florista de los barrios bajos de Londres a principios del siglo XX, llamada Eliza Doolittle, a la que un misógino y abusivo profesor de fonética, de nombre Henry Higgins, educa para que hable y actúe como una dama. Una vez concluido el adiestramiento, el profesor desprecia a la joven atribuyéndose a sí mismo todo el éxito de la transformación. La obra de teatro fue adaptada al cine en una versión inglesa de 1938. Parece ser que la intención del productor de esa cinta había sido que la adaptación cinematográfica fuese un musical; sin embargo, Shaw se negó rotundamente.

George Bernard Shaw (1856-1950)

Habría que esperar veinte años para que el letrista Alan Jay Lerner y el músico Frederick Loewe estrenasen en Broadway el musical My fair lady, que pronto cosechó un gran éxito. Por ello, Jack L. Warner (presidente de los estudios Warner Bros) decidió que podría llevar la obra de Broadway a la gran pantalla. El productor consideró primero a Vincente Minnelli para dirigir la cinta; sin embargo, los elevados honorarios del director de Un americano en París disuadieron a Warner. Pensó entonces en George Cukor, que tenía en su haber la dirección de Historias de Filadelfia y de una parte de Lo que el viento se llevó. Esta última cinta era una espina clavada en la autoestima de Cukor, puesto que el mérito de Lo que el viento…, había recaído en Victor Fleming, director encargado de finalizar y montar la cinta. Por ello, cuando a Cukor le ofrecieron la dirección My fair lady, vio que era la oportunidad para desquitarse y dicen que le contestó a Warner que había tomado la mejor decisión al elegirlo a él para dirigir la cinta.

George Cukor (1899-1983)

A la hora de escoger a la actriz protagonista, Warner decidió prescindir de Julie Andrews, que se había dado a conocer interpretando a Eliza Doolittle en Broadway; en su lugar optó por la ya consagrada Audrey Hepburn. El papel del profesor Higgins originalmente iba a ser para Cary Grant; sin embargo, con muy buen criterio éste sugirió al productor que el más indicado sería quien ya interpretaba el personaje del fonetista en Broadway, es decir, Rex Harrison. El británico Wilfrid Hyde-White completa el trío protagonista dando vida al coronel Pickering, fonetista amigo de Higgins que también participa en la formación de Eliza. Completan el elenco Stanley Holloway como el pintoresco padre de Eliza Doolittle y Gladys Cooper como el ama de llaves. En el siguiente video se puede ver al trío protagonista en una de las piezas más alegres de la cinta: The rain in Spain (La lluvia en Sevilla según el doblaje al castellano…). En este fragmento los personajes celebran los progresos de la alumna musicando los ejercicios de fonética que el profesor Higgins planteó a Eliza:

La película es simplemente deslumbrante. A pesar de estar íntegramente rodada en un estudio, el filme resulta siempre exuberante. Su fotografía se inspira en la pintura impresionista como se puede apreciar en la escena del hipódromo de Ascott. Otro gran acierto del productor fue apostar por Cecil Beaton para diseñar el vestuario. Pero, sin duda, el gran acierto de la cinta son las canciones.

Fotograma de la escena del hipódromo de Ascott. El vestuario de esta escena, que parece sacada de un cuadro impresionista, se inspira en otra de Un americano en París.

Pocos musicales han sido capaces de lograr una cohesión entre todas las piezas musicales como la que se logra en My fair lady. Quizás el hecho de que fueron rodadas en orden cronológico permitió a Audrey Hepburn experimentar la evolución de su personaje. A pesar de que la actriz sabía cantar (como había demostrado previamente en Una cara con ángel), sus canciones fueron dobladas por la soprano Marni Nixon. En una de las primeras canciones del filme, Wouldn’t it be loverly? (No sería maravilloso?), Eliza fantasea con una vida acomodada:

Hacia la mitad de la película nos encontramos con una de las piezas más célebres de la producción: I could have dance all night (Podría haber bailado toda la noche). Este número marca un antes y un después en la cinta y con él la protagonista expresa su júbilo por los progresos realizados:

Sin duda uno de los principales problemas de la película es el doblaje, puesto que Eliza, como miembro de las clases populares londinenses, habla con un acento cockney que se va puliendo a lo largo del filme, algo que es imposible de apreciar en la versión en castellano. Por ello, es necesario ver esta película en versión original subtitulada para poder apreciar correctamente estos matices.

El filme cosechó un clamoroso éxito y arrasó en los premios Óscar del año siguiente consiguiendo ocho estatuillas. Una de las que no consiguió fue la de mejor actriz, que recayó en Julie Andrews por su papel en Mary Poppins. La actriz, a la hora de agradecer el premio sobre el escenario no se olvidó de Jack Warner (productor de My fair lady que la había rechazado para el papel de Eliza Doolittle) por haber hecho posible que ganase ese Óscar por su papel en Mary Poppins.

Julie Andrews como Eliza Doolittle en la versión teatral de My fair lady.

¿Y por qué se llama My fair lady el filme si en ningún momento nada en la película hace referencia a esas palabras (que se traducirían al castellano como Mi bella dama)?. Pues parece ser que proceden de una popular cancioncilla londinense: El puente de Londres se está cayendo (London bridge is falling down):

London Bridge is falling down,
Falling down, falling down.
London Bridge is falling down,
My fair lady.

Antón L. Martínez

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar