Madrid en el cine

Madrid es quizás la más singular de todas las capitales europeas. No solo es la capital situada a mayor altitud y una de las pocas que no se encuentra junto al mar o junto a una vía navegable; también es una ciudad creada casi de la nada en el momento en que Felipe II se decidió por una pequeña villa en torno a una fortaleza musulmana para establecer la corte. A pesar de que han pasado más de 400 años, Madrid sigue siendo una ciudad de aluvión donde mucha gente que vive o trabaja en Madrid no es de Madrid y el cine, como forma de expresión social, no resulta ajeno a ello. Madrid ha sido el escenario de numerosísimas películas españolas y extranjeras que han intentado, con mayor o menor fortuna, reflejar la pluralidad y la complejidad de esta ciudad. En cierto sentido, todas las películas españolas rodadas en ambientes urbanos intentan recrear una especie de Madrid por defecto, en que los personajes hablan con un acento neutro. En esta entrada de El secreto de Berlanga vamos a hacer un repaso de algunos de los escenarios más reconocibles de Madrid en el cine.

Lugares citados en esta entrada de El Secreto de Berlanga.

Todo recorrido por Madrid ha de empezar en la Puerta del Sol. Esta plaza ha sido testigo de buena parte de la historia de la ciudad. Una de las primeras películas españolas es Asesinato y entierro de don José Canalejas (1912) (que se puede ver en el video que sigue al párrafo), el filme se rodó horas después del magnicidio del presidente del gobierno en la Puerta del Sol y supone el debut de Pepe Isbert en el papel del asesino Manuel Pardiñas.

99 años después, la misma plaza sirvió de escenario para las protestas del 15M, reflejadas en Libre te quiero, el último trabajo de Basilio Martín Patino.

De la puerta del Sol parte la calle Mayor, espina vertebral del llamado Madrid de los Austrias, correspondiente al barrio más antiguo de la ciudad. Esta zona ha servido de escenario para muchas películas que recrean un Madrid típico, de zarzuela y organillos. Ejemplos de películas ambientadas en esta zona son el filme de terror La torre de los siete jorobados (Edgar Neville, 1944), una de las películas más desconocidas de la filmografía española; La gran familia (Fernando Palacios, 1962), con una memorable escena rodada en la Plaza Mayor, o Las bicicletas son para el verano. En esta zona también Pedro Almodóvar ha ambientado algunas de sus películas Pedro Almodóvar como Tacones lejanos (1991), La flor de mi secreto (1995) o Carne trémula (1997). Curiosamente, el director manchego, que no desdeña mostrar las zonas más populares de Madrid, es uno de los mejores difusores de la cara más moderna y cosmopolita de la ciudad por el mundo.

Pepe Isbert con sus nietos en la Plaza Mayor. Fotograma de La gran familia.

Al sur del barrio de los Austrias se encuentra Lavapiés. Antaño era un barrio que acogía en sus corralas a emigrantes provenientes de toda España que llegaban a Madrid buscando una vida mejor. Hoy en día estos emigrantes proceden del extranjero, aunque el motivo por el que se instalan en Lavapiés sigue siendo el mismo que en el pasado. El barrio es el escenario de Surcos (J.A. Nieves Conde, 1951), singular aproximación española al neorrealismo que narra las desventuras de unos emigrantes que buscan en Madrid huir de la miseria de la España rural. Años después, en Bajarse al moro (1989), Fernando Colomo intenta reflejar la realidad multicultural del barrio como telón de fondo para esta comedia protagonizada por pequeños traficantes de droga.

Chus Lampreave, Verónica Forqué y Antonio Banderas desde el ático de Lavapiés en que se desarrolla casi toda la trama de Bajarse al moro.

Al final de la calle Mayor se encuentra el Palacio Real, edificio del siglo XVIII que sustituye al alcázar de origen árabe que ardió en 1734. El exterior del edificio aparece insistentemente en Nicolás y Alejandra (F.J. Schaffner, 1971), película británica que recrea los últimos años del zar Nicolás II, destronado y asesinado durante la Revolución Rusa. Asimismo, las cercanías del palacio sirven de exteriores para el filme El rey pasmado (Imanol Uribe, 1991), basado en un libro de Torrente Ballester y ambientado en la época de Felipe IV.

El Palacio Real de Madrid quiere ser Palacio de Invierno zarista en Nicolás y Alejandra. El filme se rodó cuando aún existía la URSS, y es poco probable que los dirigentes comunistas viesen con buenos ojos el rodaje de una biografía de los últimos zares en San Petersburgo.

Mucho más al norte se encuentra la calle Fuencarral, en uno de cuyos cafés parece ser que se inspiró Camilo José Cela para su novela La colmena (aunque realmente podría ser cualquier café de la ciudad). El libro fue adaptado al cine por Mario Camus en 1982. Se trata de uno de los pocos casos en que el filme está a la altura de la obra literaria, puesto que también es capaz de transmitir la sensación de miseria moral que Cela recrea magistralmente en su libro.

Fotograma de La colmena en que aparece Cela dando vida a uno de sus personajes rodeado de algunos de los actores más notables del cine español del siglo XX.

Uno de los puntos más reconocibles de la ciudad es la plaza de Cibeles, en uno de cuyos laterales se encuentra el Palacio de Linares. Hoy en día alberga la Casa de América; sin embargo, poco antes de su restauración para tal fin sirvió de escenario para el filme Patrimonio Nacional (1981), segunda entrega de la saga de Berlanga que se inició con La escopeta Nacional. El palacio, que en el filme es la residencia de los marqueses de Leguineche, arrastra una oscura leyenda: se dice que por sus corredores vaga el fantasma de una niña fallecida a principios del siglo XX. A juzgar por el aspecto siniestro y destartalado que ofrece en la película, resulta entendible por qué se extendió el rumor.

Fotograma de Patrimonio Nacional en las estancias del Palacio de Linares.

Cerca de Cibeles se encuentra el Parque del Retiro, escenario recurrente en películas de corte histórico dado que es uno de los lugares emblemáticos de la ciudad que menos ha cambiado en los últimos años. Así, en filmes como Las trece rosas (Manuel Martínez Lázaro, 2007) o en el ya citado Las bicicletas son para el verano, la trama se desarrolla en este lugar.

Un instante del rodaje de Las trece rosas en el Retiro durante el mes de agosto de 2006.

No solamente el centro de Madrid ha servido de escenario cinematográfico. El barrio de Canillas, al nordeste de la ciudad, se convirtió en el Moscú prerrevolucionario gracias a David Lean en Doctor Zhivago (1965).

Recreación de algunos edificios moscovitas en el barrio de Canillas para el filme Doctor Zhivago.

Pero ningún viaje al Madrid cinematográfico puede dejar de lado la Gran Vía. Esta avenida, diseñada a principios del siglo XX como una arteria a través del centro histórico, tiene una relación especial con el séptimo arte. De esta manera, desde su apertura alberga algunos de los teatros y cines más emblemáticos de la capital. Asimismo, algunos establecimientos de la calle, como el bar Chicote (nº 12) han servido de referencia para cineastas del panorama nacional e internacional. Como no podría ser de otra manera, la avenida ha servido de localización para numerosas producciones. Entre ellas, Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997), en que Eduardo Noriega camina por una Gran Vía desazonadoramente desierta.

La Gran Vía desierta en Abre los ojos.

También  Álex de la Iglesia ha utilizado la avenida como escenario. Así, en El día de la Bestia (1995), Santiago Segura se colgaba de un cartel luminoso en lo alto del edificio Carrión (Gran Vía esquina Jacometrezo). Este recurso de colgar a sus personajes en lo alto de edificios emblemáticos (claro guiño a Con la muerte en los talones de Hitchcock) lo empleó también el director en La comunidad (2000), en que Carmen Maura y Terele Pávez luchaban en lo alto del Banco de Bilbao en la cercana calle de Alcalá.

Fotograma de El día de la bestia en lo alto del edificio Carrión.

A pesar de la grandiosidad de la avenida, en las calles paralelas sigue subsistiendo la trama urbanística del Madrid tradicional, con trazados intrincados y edificios antiguos. Este es el escenario en que se desarrolla parte de la película El crack (J. L. Garci, 1981), una de las pocas películas policiacas del cine español. Y es que la Gran Vía ejemplifica perfectamente el carácter de Madrid: una ciudad de fuertes contrastes.

Alfredo Landa en uno de sus mejores papeles como detective privado en El crack.

 

 

Antón L. Martínez

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