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Monstruos de cine II: Frankenstein

Hace unos cuantos meses hablamos en este blog de los orígenes de dos de los monstruos más socorridos a lo largo de la historia del séptimo arte: Drácula y los zombis. Hoy hablaremos de un personaje cuya importancia trasciende el mundo del arte: el monstruo de Frankenstein.

El monstruo de Frankenstein es uno de los personajes más carismáticos del cine y de la literatura. A pesar de haber cumplido 200 años el pasado año 2017, esta criatura sigue acaparando páginas y fotogramas: Javier Bardem será el próximo actor en ponerse bajo la piel (o lo que sea que recubra al monstruo) en una próxima película de la Universal.

Sin embargo, quizás la historia más apasionante que ha protagonizado el monstruo ha sido su propia gestación, durante el que se conoce como El año sin verano. En mayo de 1916 el gran poeta inglés Lord Byron y su médico, J.W. Polidori, habían alquilado una casa cerca de Ginebra, villa Diodati. A ellos se unieron el también poeta Percy Shelley, su compañera, Mary Godwin, y Claire, hermanastra de Mary. Un año atrás había tenido lugar la erupción del volcán Tambora, en Indonesia, que expelió toneladas de material volcánico a la atmósfera y rebajó la temperatura de la tierra en casi un grado. De esta manera, a pesar de ser pleno verano, la lluvia y el frío no daban tregua a los viajeros. Para pasar el tiempo, los cinco decidieron escribir cada uno un relato de terror para relatarlo junto al fuego posteriormente. Mary Godwin (que al poco tiempo se convertiría en Mary Shelley al casarse con Percy), escribió un relato basado en una pesadilla que había tenido: un siniestro personaje insuflaba vida a una criatura creada por él. Lo cierto es que el ambiente en la villa debía de ser muy propicio a ese tipo de alucinaciones: el láudano corría a raudales y Byron disfrutaba contando cuentos de terror que había oído en sus viajes por los Cárpatos. De todas maneras, Mary también se vio influida por las historias que se contaban sobre Erasmus Darwin (abuelo de Charles), y los experimentos sobre el efecto de la electricidad en los músculos realizados por Luigi Galvani. De esa reunión sólo ha trascendido otro de los cuentos, el del Doctor Polidori, que escribió la historia de un enigmático personaje que bebe la sangre de sus víctimas…

Lizzy McInnerny como Mary Shelley en Remando al viento (Gonzalo Suárez, 1988), filme que narra la gestación del mito de Frankenstein en el frío verano de Villa Diodati.

En 1818 fue publicada la primera edición de la obra de Mary Shelley bajo el título Frankenstein o el moderno Prometeo que, por cierto, nada tiene que ver con la idea que se tiene hoy en día de las novelas de terror: el libro se detiene en cuestiones filosóficas como la distinción entre el bien y el mal o el poder creador del ser humano en los albores de la Revolución Industrial. Aún así, la obra resultó un éxito y pronto se adaptó para los escenarios de París y Londres. Parece ser que fue hacia 1830 cuando al monstruo, que originalmente carecía de apelativo (más allá de el monstruo o el engendro), se le empezó a denominar con el nombre de su creador: Frankenstein.

Prometeo por Gregorio Martinez. El titán Prometeo fue condenado a ser encadenado a una roca para que un águila devorase su hígado como castigo por arrebatar el fuego a los dioses para dárselo a los humanos. El doctor Frankenstein, como Prometeo, roba un atributo de la divinidad: la capacidad de otorgar la vida.

En 1910 apareció la primera adaptación cinematográfica del mito: un cortometraje de apenas un cuarto de hora producido por la productora de Edison. Sin embargo, la primera gran aparición del personaje tuvo lugar en El doctor Frankenstein (James Whale, 1931). El papel del monstruo originalmente estaba pensado para Bela Lugosi, célebre por su interpretación de Dracula; sin embargo, el actor rechazó el papel y finalmente fue Boris Karloff el que dio vida a la criatura. Karloff, que provenía de una familia británica acomodada, se convirtió en un actor clásico del cine de terror que también daría vida al monstruo en La novia de Frankenstein (1935) y en El hijo de Frankenstein (1939).

Boris Karloff como el monstruo de Frankenstein. Nadie diría que el actor quería, en su juventud, estudiar para entrar en el cuerpo diplomático.

Sin embargo, el monstruo de Frankenstein ha sido personaje protagonista o secundario de un sinfín de películas de toda temática, nacionalidad y calidad. Desde Dioses y monstruos (1998), centrada en la biografía de James Whale, director de la película de 1931, hasta Frankenstein de Mary Shelley (Kenneth Branagh, 1994), fallido intento de recuperar el espíritu de la novela original. De entre todos estos filmes se van a destacar dos ejemplos: El espíritu de la colmena (Victor Erice, 1973), El jovencito Frankenstein (Mel Brooks, 1974).

Ian McKellen como el director James Whale en Dioses y monstruos.

El espíritu de la colmena es una de las producciones más líricas y preciosistas del cine español. En ella una niña, tras asistir a una proyección de El doctor Frankenstein en un pueblo castellano durante la década de 1940, convierte al monstruo en la forma de sus temores. La película reflexiona sobre temas como la miseria (económica y moral) de la postguerra, la fantasía inherente a la infancia que se pierde al crecer o cómo los niños se enfrentan a la idea de la muerte. Es una de las primeras películas que refleja abiertamente las miserias de la postguerra, puesto que se estrenó en 1973, dos años antes de la muerte de Franco.

La niña Ana (Ana Torrent) contempla la proyección de El doctor Frankenstein en El espíritu de la colmena.

El jovencito Frankenstein es una de las mejores parodias del cine de terror que se han filmado. Narra la historia del nieto del doctor Frankenstein que, habiendo sido nombrado heredero, se dispone a visitar sus propiedades acompañado de varios personajes, entre ellos el grotesco Igor, uno de los personajes más carismáticos de la historia del cine, encarnado por el gran Marty Feldman. En el castillo, el joven Frankenstein no resistirá la tentación de seguir los pasos de su abuelo, provocando la ira de sus vecinos. La película contiene algunos momentos geniales como el video siguiente en que Gene Wilder, en su papel del doctor Frankenstein, muestra las habilidades musicales de su criatura al ritmo de uno de los temas inmortalizados por Fred Astaire: Putting on the Ritz.

Antón L. Martínez

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