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El momento Kominsky: ¿porqué no se valora más a Alan Arkin?

El pasado domingo se celebró la última edición de los Globos de Oro, regalándonos pequeñas sorpresas y más de un premio cantado. Os podría hablar sobre los ganadores de los premios, pero lo vería innecesario ya que “googleando” un poco podrías encontrar dicha información en multitud de blogs o portales de noticias. Por eso hoy he decidido hablaros de una gran serie que se arriesgó con una historia original y escogió a dos de los mejores actores que podemos disfrutar hoy en el cine; Michael douglas y Alan Arkin. Con respecto al primero, dudo que no hayáis visto alguna película de él, ya que su magnífica filmografía habla por si sola. Grandes clásicos como Un Día de Furia, Wall Street o Instinto Básico (una película desde mi punto de vista malísima pero que despertó el “atrevimiento” del cine de la época), son razones más que suficientes para darnos cuenta de que estamos ante un magnífico actor, uno de esos que marcaron época.

Pero lo que siempre me ha llamado la atención fue el caso del segundo protagonista de esta comedia, Alan Arkin. Un actor que desde mi punto de vista está a un nivel increíble, regalándonos grandes papeles como los de Pequeña Miss Sunshine o Argo. Por esa razón yo me pregunto ¿porqué no valoran más a Alan Arkin en Hollywood? Sus interpretacciones en la mayoría de sus filmes son más que suficientes para convertir una simple historia en una trama interesante. En la serie el método Kominsky interpreta un papel complejo, difícil y controvertido. No es nada fácil jugar con tantos sentimientos en una sóla persona; la ira, la tristeza y su humor ácido le proporcionan una explosión de sensaciones que lo convierten en un personaje extremo. Pero lo más importante de Alan Arkin es su carisma, es capaz de ser el centro de atención en cada escena tan sólo con una mirada o una pequeña sonrisa. Tras ver esta magnífica serie, he de decir que ambos personajes se merecían tener un Globo de Oro, y si tuviese que escoger, me quedaría con el Sr Arkin.

Pero una serie nunca triunfa si no tiene tras las cámaras a un buen director, y en el caso de esta serie el director es todo un especialista en triunfar con todas sus producciones. Me estoy refiriendo, como no, al Steven Spielberg de la televisión: Chuck Lorre. El mismo director que consiguió llegar a la fama gracias a buenas series como Big Bang Theory y otras no tan buenas (por no decir malas) como Dos Hombres y Medio. Te pueden gustar más o menos sus producciones, pero hay que reconocer que es un especialista a la hora de buscar el éxito. Desde mi punto de vista, creo que Big Bang sí se podría considerar una buena serie, pero otras como Dos Hombres y Medio y Mom se ahogan en la falta de originalidad, no proporcionan nada innovador, son repetitivas y están llenos de clichés básicos que estamos más que acostumbrados a ver en todas las sitcom de los 80.

Pero a diferencia de sus predecesoras, la nueva serie de Chuck Lorre es cualquier cosa menos simple, el director consigue contar una gran historia y sus dos protagonistas consiguen mostrarnos la mejor de sus interpretaciones. Uno de los temas con el que intenta jugar últimamente Chuck Lorre en sus series es mezclar la comedia con el mayor de los dramas. Al igual que en Mom, en el momento Kominsky el director suele sorprendernos con una escena dura, un momento intenso lleno de tristeza que cambia completamente la perspectiva, llegando incluso a ofrecernos un golpe de realidad inesperado. El dolor de los personajes se palpa en el ambiente e incluso puedes llegar a identificarte con él, verle de otra manera, conectar con su forma de pensar. Y ese momento en el que la escena consigue alcanzar el momento más triste, suele aparecer algún pequeño chiste en el diálogo que anima un poco el ambiente y nos recuerda que estamos en una comedia. En el caso de Mom, estos chistes solían ser básicos y poco originales, debido también a la simpleza de los personajes; pero en el caso del momento Kominsky sus protagonistas saben mostrarnos lo mejor de sus personajes tan sólo con un par de palabras. Tanto Michael Douglas como Alan Arkin son especialistas en los pequeños detalles, consiguiendo sacar de un sólo gesto multitud de situaciones.

En definiiva, creo que El momento Kominsky es la evolución de Chuck Lorre, quién consigue desbancarse de ese estilo de sitcoms poco originales, creando por fin la mejor de sus comedias.

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