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James Dean: El mito que jugó con la muerte

Cholame es una pequeña comunidad, en California. Un poblado americano situado a 1.6 kilómetros de la Falla de San Andrés. El lugar  que observó el 30 de septiembre de 1955 la muerte del actor que se convirtió en mito: James Dean.

Monumento homenaje a James Dean e el cruce 41-46

Monumento homenaje a James Dean e el cruce 41-46

Aún hoy en día, se desconoce la razón por la que el actor perdió la vida. Algunos dicen accidente, otros suicidio… un documental desveló que James Dean no se desvió del recorrido del coche que le venía de frente y decidió frenar en seco (¡manda carallo!, con la de dinero que hace falta para el I+D y se dedican a gastarlo investigando estas chorradas). La tragedia ocurrió en el cruce 41-46, situado en la comunidad de Cholame; todavía se puede ver un monumento al actor bastante deteriorado (por lo que pude leer en Trip Advisor).

Tal vez ese accidente (o suicidio) haya terminado con una de las mejores carreras en la industria del cine. James Dean consiguió, con tan sólo tres películas, ser uno de los actores más importantes de Hollywood; por encima incluso de mitos como Marlon Brando (que hizo un “Harrison Ford”, es decir, conseguir papeles por rechazo de sus protagonistas ¿Nunca os fijasteis que cuando una revista no sabe de que hablar siempre tira por artículos tipo “actores que rechazaron papeles y se arrepintieron”?)

.James Dean era un actor bastante extremo, tal vez por exigencias del guion, o porque le gustaba llevar a sus personajes al límite. Lo que sí dejaba claro es que era un adelantado a su tiempo.  Creo que ningún actor de la época consiguió nunca innovar del modo que lo hizo el joven fallecido; tanto en Al este del edén, como en Rebelde sin Causa y Gigante, demostró su efectividad camaleónica, mostrándonos unos personajes similares y a la vez totalmente diferentes que rozaban lo que para aquella época se denominaba el límite de lo indecente.

Para que veáis que no miento, aquí está el comentario de TripAdvisor

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La vestimenta de James Dean era una burla a la sociedad de la época; su pelo desaliñado, una cazadora con un color llamativo y un cigarro siempre en la boca mostraban el antítesis de la sociedad, lo que se denominaría rebelde (una de las palabras con el significado más degradado que he visto en la vida).

En los años 50 el significado de rebelde era toda una novedad, un estilo de vida prohibido; cuando James Dean se dio a conocer, la gente se escandalizó por su forma de vestir, su extraño comportamiento y su anormal modo de vida. Pero su talento como actor convirtió a un extraño chaval en un fenómeno del mundo del cine.

Al Este del Edén, sus primeros pasos

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James Dean ya había aparecido como secundario anteriormente en otras películas (Sailor Beware y Has Anybody Seen My Gal? en 1952); tuvo que esperar a 1954, cuando el brillante director Elia Kazan se fijó en él, dándole el papel protagonista en su nuevo proyecto: Al Este del Eden.

Se podría decir que la película es una historia de amor, de la época pero historia de amor. Lo que más llama la atención es el carisma que le sobra a James Dean convirtiendo sus escenas en momentos memorables.

La historia transcurre en el seno de una familia modesta americana, dónde dos hermanos, Cal y Aaron compiten por el cariño de su padre. Todo se complica cuando Cal descubre que su madre no está muerta y que además regenta un local de alterne.

La lucha entre los dos hermanos se ve perfectamente reflejada en los actores. La extravagancia de Dean muestra cierto rencor y odio por su hermano, una rabia contenida durante muchos años.

Hoy en día, la película está conderada una de las mejores de la  historia; no sólo porque James Dean se convirtiese en todo un fenómenos de masas, sino porque el director era un innovador cineasta que congeniaba perfectamente con el joven actor (quien, por cierto, recibió su primera nominación al Oscar por esta película).

Al Este del Edén es todo un éxito, recibiendo muy buenas críticas. Todo el mundo hablaba del nuevo y joven actor que venía a revolucionar Hollywood. James Dean era el hombre del momento.

Rebelde sin causa; consolidándose en el mundo del cine

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James Dean ya había conseguido hacerse un hueco en Hollywood, con tan sólo una película llovieron ofertas y comenzó a hacer publicidad (curiosamente, hizo un anuncio en España de torero). El 28 de maro de 1955, Nicholas Ray le contrató para el papel protagonista de su nueva película Rebelde sin Causa, la que para mi es la mejor película del joven actor.

Rebelde sin causa era una película hecha para James Dean, su personaje congeniaba con el extremismo del actor, y mostraba a ese joven incomprendido que sufría la extraña situación de sus padres.

Su soledad, los momentos en los que decide evadirse del mundo disfrutando de pequeños detalles, nos muestran a un Jim Stark (personaje principal) totalmente abstraído de la sociedad actual, deseando alejarse de las normas que le rodean y luchando por sentirse adaptado en su nuevo hogar.

Hay un montón de escenas en la película memorables, desde su pelea en el Observatorio (por cierto, en el Observatorio de Los Ángeles, hay un monumento dedicado al actor) hasta la escena final, en la que se muestra su lado desesperado. Yo quizás me quede con la escena de la carrera de coches, dónde James Dean combina la alegría desmesurada con la terrible tragedia.

La película, en principio se había rodado en blanco y negro. Pero, viendo el rotundo éxito de Al Este del Edén, dos meses después decidieron hacerla en color. En esta época, el joven actor comenzaba a mostrar su pasión por los coches, participando en carreras. Ese mismo año se compró un Porsche descapotable blanco; y dos días antes del rodaje de la película, el 26 de marzo, participó en su primera carrera.

Gigante; la guinda de la despedida

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James Dean estaba en lo más alto. Ya había varios rumores sobre amoríos y proyectos futuros (iba a hacer la película de Rocky Marciano, que finalmente acabó en manos de Marlon Brando). El 1 de mayo de 1955, tan sólo un mes después de que comenzase el rodaje de Rebelde sin Casa, comenzaba a filmarse su última película: Gigante. Evidentemente James Dean tuvo que comenzar más tarde, ya que tenía quea acabar el rodaje de la película de Nicholas Ray.

Jett Rink (su personaje en Gigante) volvía a ser un hombre solitario, una especie de Jim Stark que había madurado a su manera; sus extremismos se habían asentado, por decirlo de alguna manera. El juego de la codicia y el dolor a lo largo de los años lo demostraban.

La película cuenta la historia de una joven pareja, Bick y Leslie. que llega al rancho de su familia para comenzar una nueva vida. Jett Rink, uno de los empleados de su padre, es un joven arrogante y rebelde que se acaba enamorando de la joven Leslie (Elizabet Taylor).

Sin duda el papel de James Dean se adapta mucho a su personalidad, completamente rodeada de ego y dolor, dolor por amor. Aunque en este caso, está acompañado por un magnífico Rock Hudson que interpreta perfectamente a ese hombre rico y poderoso que, poco  a poco se va debilitando. Me gustó mucho su escena final;  una pelea de un anciano “Bick” Benedit, completamente hundido en su rutina, buscando reencontrarse con su yo joven y atrevido, intentando volver a recuperar su momento. Acaba recibiendo una paliza que le devuelve a la realidad; toda la ira que pretendía liberar en un enfrentamiento, se convierte en un desfile de sus debilidades:

Elizabeth Taylor también destaca por su potente papel; una mujer confundida que se acaba encontrando en el centro de una de las discusiones más importantes de su vida, el amor. Siempre tratando de tranquilizar al desesperado “Bick” Benedit, autoconvenciéndose de que ha escogido bien.

La última carrera

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La personalidad de James Dean no difiere mucho de sus personajes, algo que se pudo apreciar a lo largo de su vida. Le encantaban los coches, y correr. Siempre que podía, en el descanso de los rodajes o durante sus días libres, participaba en todo tipo de carreras,intentaba disfrutar de su pasión. Una pasión que curiosamente acabó con su vida.

Unas horas antes del fatídico accidente, James Dean dijo unas palabras alertando a los jóvenes del peligro de correr con el coche, caprichoso el destino… Fue en la ya famosa curva del condado de Chorme, cuando uno de los mejores actores que hubo en el cine perdió la vida en ese supuesto accidente. Curiosamente sus últimas palabras antes de morir fueron: “Va a parar…nos va a ver”. Y no, no les vió…

Lo que sí tengo claro es que James Dean no se hubiese convertido en el mito que es sin esa prematura muerte. Ahora mismo, en Hollywood, está considerado como uno de los más importantes actores de la industria. No cabe duda que era muy buen actor, pero no tuvo el tiempo suficiente para demostrar todos y cada uno de los halagos que le dieron más adelante.

Por cierto, James Dean recibió su Oscar póstumo por su corta pero espectacular carrera en el mundo del cine. Lo que si esta claro es que cumplió una de sus más famosas frases:” Vive rápido, muere joven y deja un hermoso cadáver”. De ahí que muchos piensen en el suicidio

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