Claudio Guerín: la muerte de un niño prodigio

Uno de los géneros más característicos del cine español de los años 60 y 70 es el denominado cine de fantaterror. Este género, que combina fantasía y terror, tiene una larga tradición en el cine español. Ya a principios del siglo XX, Segundo de Chomón asombraba a los parisinos con sus innovadoras películas fantásticas. Posteriormente, Luis Buñuel también realizó películas que combinaban fantasía y terror. Sin embargo, ambos directores (que curiosamente procedían de Teruel), realizaron la mayor parte de su carrera fuera de España. Dentro de nuestras fronteras, diversos realizadores en los primeros años del Franquismo se atrevieron a combinar fantasía y terror; ejemplo de ello lo constituyen Edgar Neville o Ladislao Vadja. De todas maneras, la auténtica eclosión del género llegaría a partir del año 1960 con directores como Jesús Franco, Chicho Ibáñez Serrador o Amando de Ossorio. Todos ellos alcanzaron mayor repercusión fuera de España que en nuestro país. Quizás porque se rodaban dos versiones de muchas de estas películas: una versión para el mercado español, más pacata (y descafeinada) a fin de que pudiese pasar la censura, y otra para la difusión internacional, en la que se daba rienda suelta a los aspectos eróticos y violentos (algo que en España era casi impensable en esa época). Uno de los directores que experimentaron con este género fue Claudio Guerín Hill, cuya trágica muerte truncó una de las carreras más prometedoras del cine español de la época.

El director Claudio Guerín.

Claudio Guerín nació en Sevilla en 1939. Se formó en la Escuela Oficial de Cine de Madrid. En ella conocería a Pilar Miró, con quien iniciaría una relación sentimental. Ya en sus primeros trabajos se observa la obsesión por la perfección que le caracterizaría posteriormente y que, en el fondo, fue la causa de su muerte. Los inicios de su carrera fueron en TVE, donde dirigió con gran acierto adaptaciones de obras de Shakespeare como Ricardo III o Hamlet. En 1968 participó junto con Rafael Azona, Víctor Erice y José Luis Egea en la película Los desafíos, producida por Elías Querejeta. La cinta narra tres historias independientes que terminan de manera violenta. Posteriormente, en 1971, realizó el drama La casa de las palomas, una coproducción hispano-italiana. En 1972 comenzó el rodaje de su segundo largometraje en solitario: La campana del infierno, una película franco-española ambientada en diversos escenarios de Galicia como Padrón, Betanzos o Noia. En ella se narra cómo un joven que sale de un psiquiátrico ejecuta su venganza contra parte de su familia, todo ello con el trasfondo de la llegada de una nueva campana a la iglesia de su pueblo. Sería su última película…

Una de las últimas escenas que faltaban por rodar se desarrollaba en la iglesia de San Martiño de Noia. Esta iglesia, levantada en el siglo XV en el mismo lugar en que se alzaba una capilla de gran devoción en la villa, presenta la particularidad de que la torre sur de su fachada principal está inacabada. Existe el rumor sensacionalista de que hay una maldición que impidió la finalización de la iglesia. Lo cierto es que no hay demasiada documentación que aclare la causa de esa asimetría en la fachada principal.

La iglesia de San Martín de Noia con sus torres asimétricas…

El rodaje de La campana del infierno supuso en Noia un acontecimiento en febrero de 1973; de hecho, muchos noieses participaron en ella como extras. Para una de las escenas de la película se realizó un remate en la torre sur de la iglesia de San Martiño en el que, según el argumento de la película, se iba a colgar una campana. El día 16, el director de la película se subió a la estructura para revisar personalmente cada encuadre. Cuando quiso saltar desde la torre sur al tejado de la iglesia su pie se enganchó en una zarza, perdió el equilibrio y cayó al vacío. Testigos presenciales afirmaron que, en un primer momento, pensaron que era un especialista cuya caída formaba parte de la trama. Claudio Guerín murió en la ambulancia que lo trasladaba al hospital de Santiago, y con él una de las carreras más prometedoras del cine español.

…Y con el remate de cartón piedra en la torre sur en un fotograma de La campana del infierno.

La única escena que quedaba por rodar del filme la dirigió Juan Antonio Bardem. La película no funcionó en taquilla, quizás fuese porque el montaje no se realizó de la manera más adecuada, o quizás porque la trágica muerte del director eclipsó a la cinta. Lo cierto es que la película es bastante dura, con escenas que no son aptas para estómagos sensibles… Curiosamente fuera de España sí que se considera un filme de culto, pero dentro de nuestras fronteras pasó sin pena ni gloria.

La muerte de Claudio Guerín es uno de los episodios más trágicos y escabrosos del cine español. Su fallecimiento con apenas 35 años truncó la carrera meteórica de un miembro de una de las generaciones más gloriosas del cine español. La misma generación a la que pertenecen nombres de la talla de Victor Erice, Manuel Gutiérrez Aragón, Pilar Miró, Josefina Molina, Iván Zulueta o José Luis García Sánchez. Una generación que fue capaz de transitar con su cine desde la dictadura a la democracia.

Antón L. Martínez
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