Tres diálogos inolvidables

Si hay una cosa que me encanta en una serie o película, son esos diálogos que dos grandes personajes nos muestran en ciertas escenas. En ese instante ves las verdaderas cualidades de un actor, como reacciona en una discusión o una escena de pasión. En una buena película, el diálogo entre sus protagonistas suele ser un momento clave, un instante único en el que la historia decide pausarse y enseñarnos una escena generalmente única.

Supongo que os daréis cuenta de que os voy a comentar tres de los mejores diálogos que se pueden ver en el cine, o por lo menos, tres de mis favoritos (seguro que al terminar el post me viene a la mente algún otro):

Dos grandes actores que revolucionan una simple película.

Uno de los temas que más me llama la atención de Heat, la película dirigida por Michael Mann y protagonizada por De Niro y Al Pacino, juntos, por primera vez, en el mismo tiempo y espacio (ya coincidieron en El Padrino 2, pero en ningún momento compartían plano), es que el argumento en sí es muy simple. Si te paras a pensar, a fin de cuentas, nos cuenta la historia de un policía que intenta dar caza al ladrón de turno. En este filme se puede ver como dos grandes actores y un buen director pueden convertir algo muy simple en una película inolvidable.

Siempre sentí predilección por Michael Mann; alegró mi infancia con una de mis series favoritas: Miami Vice, y todavía mantiene ese estilo Don Johnson en la mayoría de sus películas. El problema es que, generalmente, suele dar una de cal y otra de arena. Te puede hacer una película buenísima y la siguiente acaba siendo desastrosa. Me encantó Collateral, es una película que tiene un estilo muy Miami Vice, con unos personajes muy trabajados y con casi todos los actores desarrollando a la perfección sus personajes (todos menos Tom Cruise, no me gustó nada; creo que había actores mejores que pudieron hacer un papel mejor, como Bruce Willis).

Volviendo a Heat, hay una escena que quizás sea lo mejor de la película. De Niro y Al Pacino nos regalan un juego de egos en un momento inolvidable. El Policía se encuentra al ladrón que lleva persiguiendo los últimos días desesperadamente. Al Pacino, con una pose relajada, trata de mostrar tranquilidad y seguridad, a pesar de que sus movimientos denotan nerviosismo. De Niro, por su parte, muestra una pose rígida y segura, mostrando su constante peligro y su muestra de incomodidad. Trata de demostrar a Al Pacino que el está por encima de todo esto.

Llama la atención que De Niro en esta escena se muestra elegante, bien vestido y aseado, como mostrando una vida cómoda, mientras que Al Pacino, por el contrario, se ve con un rostro envejecido y algo desaliñado, mostrando su estresante vida. El ladrón vive bien, el policía en cambio no tiene ni un minuto para vivir. El director nos está queriendo decir, ¿En que bando compensa estar?

El humor absurdo se aferra a las golondrinas

Escoger un buen diálogo en el mundo del cine no es nada fácil; de hecho en un principio pensé ir a lo fácil y hablar de la escena final de Blade Runner; aunque en ese caso es más un monólogo, porque Harrison Ford en ningún momento interactúa con el villano. También existen diálogos brillantes como en Sin Perdón o Apocalypse Now. Pero no, de esas películas ya os hablé posts atrás… En este caso me voy a meter en el maravilloso mundo del humor absurdo, tal vez uno de mis favoritos, y os voy a contar la mítica escena de la golondrinas que podemos ver en Los Caballeros de la mesa cuadrada.

Cualquiera puede pensar que hacer una película de humor absurdo es muy sencillo,  porque consiste en crear diálogos incoherentes que no llevan a ninguna parte. Pues no pueden estar más equivocados, ya que escribir un guión de humor absurdo, a pesar de sus sinsentidos, no es tarea fácil. A pesar de que los personajes no tienen un objetivo, no hace falta buscar un desarrollo de cada uno de ellos y su evolución es casi inexistente, pero es muy difícil que todos esos momentos lleguen a interesar al espectador; ya que el problema de este tipo de humor es que ni tiene término medio; puede llegar a ser inolvidable o algo incomprensible.

Los mejores directores de este tipo de cine fueron sin lugar a dudas, los Monthy Python. Uno de mis diálogos favoritos es el que os muestro a continuación: Las golondrinas. Es, sin duda, el claro ejemplo de que para hacer una buena película no necesitas grandes escenarios ni espectaculares efectos, un buen guión puede convertir un simple filme en algo mítico. Este diálogo no tiene sentido, cada frase de la conversación es más rocambolesca; de hecho comienzan a hablar del recorrido de las golondrinas, algo que no viene a cuenta en la situación. Tal vez sea eso, el uso de unos conocimientos que parecen sacados de un documental en la conversación entre el mismísimo Rey Arturo y un extraño soldado escondido tras los muros de un castillo es algo tan extraño, tan inesperado, que descoloca al espectador y lo convierte en una comedia. A  continuación os dejo la escena:

La típica que todos conocemos

Ya sé que es una escena muy típica, la que conocemos todos, pero eso no quita que sea un gran diálogo. No me gustan las historias de amor que se suele mostrar en el cine, creo que pocas veces se hicieron verdaderas historias de amor. Casos como los Puentes de Madison o Casablanca fueron algunas que sí supieron mostrarnos lo que realmente es el dolor de una ruptura o la pasión de ver a la mujer de tu vida.

El diálogo final que nos muestran Humphrey Bogart e Ingrid Bergman es el claro ejemplo de dos personas realmente enamoradas. La densa niebla que cubre la escena destaca todavía más a los protagonistas, para que pongas toda tu atención en sus interpretaciones. Ya nos tienen atentos, ahora llega el diálogo.

Rick (Bogart) muestra una pose firme y decidida, para poner un poco de cordura en la temible despedida, mientras que Lisa (Bergman) está nerviosa, superada por la situación. Aunque hoy en día no se podría hacer esta escena, ya que el protagonista agarra a la chica fuerte, para mantenerla firme, intentando decir que él se encarga de todo, él la va a mantener aquí para resolverlo todo como debe de ser. Tal vez sea algo machista.

Humphrey Bogart ha conseguido dejar en nuestra memoria cinéfila una frase tan simple como “siempre nos quedará París”. Y todavía no he visto ninguna película que se despida con una frase mejor que “este es el comienzo de una gran amistad”. Fuera el amor, siempre nos quedan los amigos…

Os contaría muchas más, pero el post se alargaría muchísimo, y tampoco os quiero cansar, que aún quedan muchos posts por escribir. Y si no tenéis nada que hacer, recordad que Siempre nos quedará El Secreto de Berlanga

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¿Friki?¿Quién dijo friki? ¿sólo porque tenga un sable láser, una tardis y la filmografía completa de Clint Eastwood?¡Exagerados!
Como bien dijo Clint Eastwood en La lista negra: "las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno"

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