Leni Riefenstahl: la genialidad al servicio del mal

Uno de los personajes más curiosos e incómodos del siglo XX es la directora de cine alemana Leni Riefenstahl (1902-2003). Es una mujer que se supo reinventar varias veces a lo largo de su larga vida a pesar de las dificultades y que supo destacar en campos vetados a las mujeres hasta entonces. Probablemente si, como algunos de sus compatriotas, se hubiese marchado de Alemania, sería recordada como una de las mayores cineastas de todos los tiempos. Pero decidió quedarse en Alemania tras el advenimiento del régimen nazi en 1933 y no solamente eso, sino que volcó su genialidad en filmar películas propagandísticas para exaltar al nazismo, un régimen responsable de exterminar sistemáticamente a más de diez millones de personas y del desencadenamiento de la guerra más sangrienta de la Historia (hasta este momento). Hoy en día sus películas han sido editadas en ediciones convenientemente comentadas y contextualizadas y se la reconoce como una de las mayores innovadoras técnicamente, además de una pionera en varios campos.

La República de Weimar (época en que se desarrolla el filme Cabaret, del que hemos hablado anteriormente), marcó los años de formación de Leni Riefenstahl.

Leni Riefenstahl es una mujer de su tiempo. Nacida en 1902 en una familia berlinesa de clase media-alta, desde su más tierna infancia demostró un carácter realmente difícil y una extraordinaria tenacidad. Con dieciséis años se matriculó en clases de ballet a pesar de la franca oposición de su padre. En esa época Berlín era una fiesta: durante los primeros años de la República de Weimar, Alemania (y sobre todo Berlín) era un hervidero de novedades culturales y artísticas. Leni se empapó de las películas que tuvo la oportunidad de ver, principalmente rusas y americanas, fijándose especialmente en su fotografía. Mientras tanto, su carrera como bailarina de ballet era imparable: con veintiún años debutó en Munich y los críticos se rendían ante su estilo. Sin embargo, sufrió una lesión en Praga que le impidió seguir bailando.

Durante la República de Weimar uno de los géneros de mayor popularidad fue el del cine de montaña o cine alpino, que refleja la lucha del ser humano con la naturaleza. Según su autobiografía, Leni Riefenstahl sintió la llamada del séptimo arte al ver en una estación de metro un cartel anunciando el estreno de una película del director Arnold Frank. Leni decidió que su vocación era el cine y puso todo su empeño en conocer al director y pedirle un papel en su siguiente film, lográndolo. La colaboración no se limitó a una sola película, sino que llegó a participar en cinco películas de montaña dirigidas por Arnold Frank e incluso en una película histórica, El destino de los Habsburgo.

Leni Riefenstahl como portada de la revista americana Time practicando una de sus pasiones: el esquí.

1932 es un año clave en la vida de Leni, con apenas treinta años estrena su primera película como directora (que también protagoniza, produce y escribe). Que una mujer llegase a dirigir un filme también se vio favorecido por el ambiente de la República de Weimar, puesto que el feminismo está en plena efervescencia. La cinta, titulada La luz azul. Una leyenda de las montañas de los Dolomitas es un filme de montaña aunque con elementos tomados del folclore alemán. En ese año también se produce un hecho que condicionará su carrera como creadora: entra en contacto con Adolf Hitler y con el nazismo.

La luz azul, primera película de Leni Riefenstahl, está muy influenciada por los temas del Romanticismo Alemán. En la imagen, Caminante sobre un mar de niebla del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich.

En 1933 Hitler es nombrado canciller y su ministro de propaganda, Joseph Goebbels, encarga a Leni Riefenstahl que filme los congresos del Partido Nazi. Ya en este año 1933 filma su primera película a las órdenes del régimen Nazi, La victoria de la fe. Esta película se dio por perdida durante muchos años puesto que en ella se mostraba a Ernst Röhm junto a Hitler. Röhm era el líder de las denominadas fuerzas de asalto (SA), que fueron eliminadas (y Röhm ejecutado), por su oposición a Hitler, en la Noche de los Cuchillos Largos de 1934.

Leni Riefenstahl con Adolf Hitler a mediados de la década de 1930.

El congreso de 1934 en Nuremberg es el motivo por el cual Leni filma El triunfo de la voluntad. En ella exalta sin ningún rubor la figura de Hitler (que en la primera escena parece bajar del cielo) y toda ella constituye una exaltación del partido y de la ideología Nazi. Sin embargo, su manera de filmar (planteando la película como si fuese un ballet en que la cámara baila al ritmo de las marchas militares) y el magistral uso de la luz, convierten a la película en una de las más innovadoras de la historia. En ella se otorga una clara preponderancia al militarismo: parece mentira que en el resto de países europeos no se dieran cuenta de las pretensiones bélicas de Hitler al verla. Este militarismo es aún más claro en el cortometraje El día de la libertad (1935), sobre el ejército alemán.

Fotograma de El triunfo de la voluntad, mostrando un desfile en el Campo Zeppelin de Nuremberg durante el congreso del Partido Nazi de 1934.

En 1936 Leni recibe la propuesta de rodar un documental sobre los Juegos Olímpicos de Berlín de ese año, su film Olympia. Para ello, diseña sistemas que son los que podemos encontrar en cualquier retransmisión deportiva hoy en día: cámaras que se mueven paralelas a los corredores o nadadores, tomas que siguen la trayectoria de los saltadores de trampolín y se sumergen en el agua, uso del zoom para pasar de un plano general a un primer plano… La película es un alegato a favor de la raza aria (a pesar de que el gran triunfador de esos juegos olímpicos fue el atleta afroamericano Jesse Owens) y un intento de blanquear la imagen del régimen Nazi en el exterior (por aquel entonces ya muy desprestigiado).

Fotograma de Olympia, la película de Leni Riefenstahl en que documenta los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936.

En 1939 estalla la II Guerra Mundial y Leni Riefenstahl se convierte en corresponsal de guerra; parece ser que asistió a fusilamientos y fue testigo de las múltiples barbaridades del régimen nazi. Por aquel entonces seguía trabajando en su película Tierra baja, ambientada en España, que no se estrenaría hasta 1954. Al finalizar la Guerra, Leni es encarcelada como colaboradora, depurada por sus simpatías nazis y condenada al ostracismo.

En 1956 Leni Riefenstahl se reinventa de nuevo, esta vez como fotógrafa. Viaja a África con la idea inicial de rodar una película aunque una serie de contratiempos lo impiden. Sin embargo, en ese viaje entra en contacto con las tribus nubas de Sudán, realizando extensos reportajes fotográficos hasta el año 1976 (con 74 años). En esa época se reinventa por última vez, en este caso como submarinista. Asiste a clases de buceo y rueda una serie de tomas en los fondos de Papúa-Nueva Guinea, con las que montará una película que se estrena en el año 2002 coincidiendo con su centenario. En esa época también hace gala de sus dotes literarias redactando sus memorias, además de conceder una gran cantidad de entrevistas. Leni Riefenstahl fallece el 8 de septiembre de 2003 en su barcaza del Danubio mientras dormía y con ella también muere uno de los personajes más complejos del siglo XX.

Una ya sexagenaria Leni Riefenstahl como fotógrafa en contacto con las tribus Nuba sudanesas.

 

La tercera edad de Leni Riefenstahl: a una edad a la que muchos ya están jubilados, Leni Riefenstahl empezó a practicar el buceo y a rodar reportajes sobre los fondos marinos tropicales.

Antón L. Martínez
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