Pioneros de la risa, los padres de la comedia americana

La década de 1920 es, quizás, la más interesante de la historia del cine americano desde el punto de vista de la originalidad y de la innovación. A pesar de que nos resulte muy lejana, en esa época surgieron figuras y se rodaron filmes que fueron, y aún son, tremendamente influyentes. Uno de los géneros con el que más se experimentó fue el de la comedia, y tres figuras sobresalen sobremanera: Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd. Los tres realizaron películas con un humor muy visual (no tenían más remedio, pues cuando empezaron el cine era mudo), y se convirtieron en fenómenos mediáticos dentro y fuera de las fronteras de EEUU. Posteriormente, los tres tuvieron que enfrentarse a la llegada del cine sonoro con mayor o menor fortuna.

Charles Chaplin

Chaplin es, sin duda, uno de los cineastas más influyentes de todos los tiempos. Destaca por su faceta como actor y director, pero también como compositor de bandas sonoras, guionista y productor. Nació en Londres en 1889 en plena era victoriana. Su infancia transcurrió en un ambiente mísero y sórdido no demasiado diferente del reflejado en las novelas de Charles Dickens: procedía de una familia de cómicos ambulantes de uno de los barrios más humildes de Londres y tuvo que trabajar desde niño, pues su padre era alcohólico y su madre sufría problemas psiquiátricos. En 1907 se unió a una compañía de teatro ambulante con la que realizó una gira por EEUU. Una vez en California entró en contacto con el mundo del cine a través de la empresa Keystone, dedicada a producir pequeños cortos cómicos. En 1914 protagonizó el cortometraje Carreras Sofocantes (Kid Auto Races at Venice), donde encarna por primera vez a su personaje: el vagabundo con bombín, bastón y unos pantalones exageradamente anchos, bautizado como Charlot en Francia y como Carlitos en Hispanoamérica.

Charles Chaplin y Jackie Coogan en El chico (1921).

En 1916 abandonó Keystone y empezó a producir sus propias películas, que consiguieron una gran difusión a nivel mundial. Sus filmes se caracterizan por introducir, a pesar de su tono cómico, una fuerte crítica social. Quizás sea El chico (1921), la cinta que mejor ejemplifique esa preocupación por las desigualdades y por la pobreza. Reflejando el ambiente de la infancia de Chaplin, El chico narra la historia de una madre soltera que entrega a su bebé a un vagabundo (Chaplin, como no) que lo cría como si fuera suyo hasta que los servicios sociales intentan llevarlo a un orfanato. Todas las películas de Chaplin, a pesar de contener gags visuales francamente geniales y escenas de enorme comicidad, tienen un regusto amargo que sería impensable en comedias posteriores. Entre las cintas que dirigió y protagonizó destacan La quimera del oro (1925), Luces de la ciudad (1931), Tiempos modernos (1936) (a la que pertenece la icónica escena del video que sigue a este párrafo), El gran dictador (1940) y Candilejas (1952), probablemente la comedia más amarga que se ha filmado. A mediados de la década de 1950, Chaplin tuvo que exiliarse a Suiza puesto que se había significado claramente a favor del Partido Comunista en plena época de la caza de brujas. Regresaría solamente a EEUU en 1972 para recoger el Óscar honorífico, falleciendo en su residencia suiza de Vevey en 1977.

Harold Lloyd

A pesar de que, a partir de la década de 1970, Lloyd quedó en un segundo plano, su popularidad fue enorme durante las décadas de 1920 y 1930. Nacido en Nebraska en 1893, llegó al cine realizando pequeños papeles en una compañía cinematográfica fundada por Edison. Al poco de iniciar su carrera como actor, sufrió un accidente en un rodaje al estallarle un artefacto explosivo en su mano izquierda y perdió varios dedos. En ese momento muchos en Hollywood dieron por acabada su carrera artística, pero nada más lejos de la realidad. Su estilo se caracteriza por unos gags humorísticos atléticos y acrobáticos, que contrastan con su aspecto atildado y con sus enormes gafas. El mejor ejemplo de esto lo constituye la secuencia de El hombre mosca (Safety last, 1923) en que Harold Lloyd escala la fachada de un edificio, con momentos que aún hoy en día nos dejan sin aliento, tal y como se puede ver en el video que sigue a este párrafo. El rodaje de esta secuencia se realizó sin ayuda de especialistas y sin ningún tipo de trucaje, siendo el único elemento de seguridad una pequeña plataforma situada debajo del encuadre por si Harold Lloyd perdía el equilibrio y caía al vacío.

Harold Lloyd fue más popular y mejor pagado en su momento que Chaplin, lo cual constituye, paradójicamente, el motivo de que cayese en el olvido posteriormente. Poseedor de una gran fortuna, se negó durante toda su vida a que sus películas fueran emitidas en televisión puesto que consideraba que solamente debían ser visionadas en el cine. Esto motivó que, a partir de la década de 1970 (con la generalización de la televisión), fuese marginado frente a Buster Keaton y a Chaplin. En 1953 recibió el Óscar honorífico por su trayectoria cinematográfica (y, según las malas lenguas, para fastidiar a Charles Chaplin que era considerado como un apestado por sus simpatías comunistas). Harold Lloyd murió en 1971 en su casa de Beverly Hills tras, en sus últimos años, haber apadrinado la carrera de estrellas como Debbie Reynolds o Jack Lemmon.

Buster Keaton

Buster Keaton nació en 1895 en Kansas. Su nombre real era Joseph Frank Keaton, pero recibió el apodo de Buster a los tres años de edad cuando trabajaba con sus padres en un espectáculo de music hall. Uno de los platos fuertes de la actuación era un gag en que el pequeño caía por una escalera y se levantaba impasible y sin ningún rasguño. En una ocasión, el célebre mago Harry Houdini se encontraba entre el público y, tras la actuación del pequeño Keaton, exclamó What a buster! (que sería algo así como ¡qué tío!). Su estilo se caracteriza por su absoluta inexpresividad a pesar de protagonizar los gags más hilarantes, por ello se le llamó Cara de Palo en nuestro país, donde se le conoció asimismo como Pamplinas. Se inició en el cine de la mano del actor Fatty Arbuckle y pronto empezó a dirigir y protagonizar sus propias películas. Destaca El gran espectáculo (1921), en que interpreta a los espectadores, a los músicos, al director y a los actores de una actuación; La ley de la hospitalidad (1923), en que se hospeda en casa de una familia que quiere asesinarlo pero que no puede hacerlo por cortesía y, especialmente, El maquinista de la general (1926). Esta película, una de las más costosas hasta ese momento, narra la hazaña de un maquinista sudista durante la Guerra Civil Estadounidense. Debe de rescatar a su locomotora y a su novia internándose tras las filas del ejército federal del Norte. La película presenta dos partes: en la segunda se repiten los gags de la primera pero amplificados hasta el clímax de la película que tiene lugar en la escena final, una de las más icónicas de la historia del cine.

Federico García Lorca describió de esta manera los ojos de Buster Keaton: Infinitos y tristes, como los de una bestia recién nacida, sueñan lirios, ángeles y cinturones de seda… son de culo de vaso … de niño tonto… de avestruz … en el equilibrio seguro de la melancolía.

Keaton cayó en el olvido en la década de 1930 y, enfermo y arruinado, vivió como un vagabundo hasta mediados de la década de 1950. Además, muchas de las copias de sus películas fueron destruidas y se pensó que se habían perdido para siempre. En esa década de 1950, Keaton protagonizó pequeños papeles en El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950), Candilejas (Charles Chaplin, 1952) y La vuelta al Mundo en 80 días (Michael Anderson, 1956). Además, se pudieron recuperar copias de algunas de sus películas desaparecidas. Todo ello motivó que el público se volviese a fijar en él. Buster Keaton vivió lo suficiente para recibir un Óscar honorífico en 1960 y para asistir a un homenaje en el Festival de Venecia de 1965 en el que se exhibieron varias de sus películas. Falleció en el año 1966 con 70 años.

Keaton y Chaplin en Candilejas.

Antón L. Martínez
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