La caza: la amistad y la muerte

La caza (Carlos Saura, 1966) es una de las películas más singulares de entre todas las estrenadas durante la época franquista. Parece mentira que la férrea censura dejase pasar una crítica al régimen y a la sociedad española como la que subyace en esta cinta. Es un filme de una sencillez pasmosa que, al mismo tiempo, contiene un universo de símbolos que la convierten en una película realmente única.

Para entender por qué se filma una película como La caza en la década de 1960, hay que retrotraerse al año 1955. En ese año se reúnen en Salamanca una serie de directores jóvenes (como Carlos Saura o Basilio Martín Patino, que fue el organizador de la reunión) y otros ya consagrados (como Bardem, Berlanga o Fernán Gómez), además de productores, intelectuales, críticos y representantes del establishment franquista. Las llamadas Conversaciones de Salamanca se plantearon con la finalidad de reflexionar y analizar las diferentes corrientes cinematográficas predominantes en España desde la Guerra Civil, contrastando la visión de los jóvenes (en contacto con las innovaciones provenientes de Europa y del resto del mundo) y la del régimen, que propugnaba un cine artificial y artificioso, de temas folclóricos, religiosos y patrióticos. A modo de conclusión sirva la frase lapidaria de Juan Antonio Bardem:

El cine español es: Políticamente ineficaz.
Socialmente falso.
Intelectualmente ínfimo.
Estéticamente nulo.
Industrialmente raquítico

Asistentes a las Conversaciones de Salamanca posando ante la Puerta de Ramos de la Catedral Nueva de la ciudad charra en mayo de 1955.

Como consecuencia de las Conversaciones, surgió el movimiento denominado Nuevo Cine Español, uno de cuyos mayores representantes fue (y es, puesto que sigue en activo en 2017) Carlos Saura. En el año 1955, Saura era todavía un joven estudiante de cine que, en un principio, había orientado sus estudios hacia la ingeniería, y después hacia la fotografía, para luego decantarse por las artes cinematográficas. Posteriormente, tras una serie de cortometrajes y documentales, rodaría en 1959 su primer largometraje, Los golfos y, en 1963, Llanto por un bandido. Ambas cintas fracasaron estrepitosamente. Fue durante la búsqueda de localizaciones para este último largometraje, cuando Saura visitó un paraje situado en el municipio toledano de Seseña, al sur de Madrid (cerca de donde hoy en día se levanta la urbanización del Pocero, ejemplo de la burbuja inmobiliaria patria). Fue tal el efecto que la desolación de este paisaje causó en el director que le animó a escribir un guión de una película ambientada en ese lugar.

Carlos Saura (1932-), tras la cámara en sus años mozos. Le acompaña el director de fotografía Teo Escamilla, otro de sus colaboradores habituales en las películas que siguieron a La caza (el responsable de fotografía en La caza fue Luis Cuadrado).

El guión de La caza fue escrito en colaboración con Angelino Fons (que luego colaboraría con Saura para escribir los guiones de filmes posteriores). La financiación de la película fue costeada en un cincuenta por ciento por el propio padre de Saura y la otra mitad por Elías Querejeta, que también se convertiría en el productor de las películas siguientes de Saura. Para el elenco se contó con tres actores consagrados: José María Prada, que provenía del mundo del teatro; Ismael Merlo, proveniente del teatro pero con gran experiencia en cine y televisión, y Alfredo Mayo, el galán de los filmes patrióticos de los primeros años del franquismo y alter ego de Franco en la película Raza (1941). Además, Saura contó con un jovencísimo actor llamado Emilio Gutiérrez Caba que, por aquel entonces, contaba con 23 años. El otro protagonista de la película es la ubicación, pues el paisaje reseco, sofocante, claustrofóbico y repleto de agujeros fruto de las bombas de la Guerra Civil es, además del escenario, un personaje en sí mismo. Estas circunstancias motivaron que el rodaje, a pesar de que no se extendió demasiado en el tiempo, resultase difícil  puesto que se realizó durante un caluroso mes de agosto. La sensación desagradable es acentuada por los primeros planos y el empleo del gran angular, algo inaudito en la España de esos tiempos. La música, obra de Luis de Pablo, que combina temas populares en esos años con una marcha interpretada por un piano, también contribuye a crear la atmósfera desapacible.

Ejemplo de primer plano extremo empleado por Saura en La caza. Algo así nunca se había visto en el cine español.

La película narra una jornada de caza en un sofocante día de verano. Tres amigos excombatientes en el bando franquista, Paco (Mayo), Juan (Prada) y José (Merlo), se reúnen para cazar conejos en la finca de José. A ellos se suma el joven cuñado de Paco, Enrique (Gutiérrez Caba). En realidad, José está arruinado y pretende aprovechar la cacería para pedirle dinero a Paco, empresario de éxito pero carente de escrúpulos. El tercero en discordia, Luis, es un individuo débil y alcohólico, aficionado a los libros de ciencia ficción que trabaja como empleado de José. Durante toda la película planea la sombra del recuerdo de Arturo, un amigo de los tres fallecido recientemente. Realmente los tres hombres se desprecian profundamente y, durante la jornada de caza, las tensiones irán en aumento hasta el clímax que se muestra en la escena final. La película está repleta de símbolos referidos a la Guerra Civil y a las heridas que no se acaban de cerrar. Por ejemplo, en una de las escenas más conocidas del filme, José muestra a Paco el cadáver de un soldado oculto en una sima. Paco (encarnado por Mayo, que había sido el actor fetiche del Régimen), le dice que no quiere verlo y que lo entierre. Además, la cinta supone una crítica velada al egoísmo, la mezquindad y la envidia dominantes en la sociedad española, una sociedad que ya empezaba a sufrir los efectos del pelotazo y del enchufismo.

La censura, en contra de lo que cabría esperar, no se cebó especialmente con la cinta. Se dice que un alto cargo de la censura llamado Marcelo Arroita, que era un gran aficionado al cine, defendió a ultranza la película entre sus compañeros más severos en cuanto vio el filme por primera vez y se dio cuenta de lo que tenía entre manos. Aunque también es cierto que ayudó a que la película pasase la censura el hecho de que la segunda mitad de la década de 196o fue quizás la más laxa en cuanto a la libertad de expresión (con la aprobación de la ley de Prensa de 1966 que abría un poco la mano). Otra de las anécdotas relacionadas con la aprobación del filme por parte de los censores cuenta que éstos no le permitieron a Saura titularlo La caza del conejo por los dobles sentidos sexuales que ese nombre pudiese suscitar…

La película tuvo una magnífica acogida fuera de España. Ganó el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín y críticos y directores de todo el mundo tuvieron palabras elogiosas para ella. Se dice que Sam Peckinpah (director estadounidense de filmes como Grupo Salvaje y Perros de Paja) confesó que La caza había marcado profundamente su carrera en un momento en que ésta aún estaba empezando. Por supuesto en España la película fue masacrada por buena parte de la crítica, que solamente salvó la actuación de Alfredo Mayo que realmente interpretó su mejor papel.

Sam Peckinpah (1925-1984), es uno de los directores que más han reflexionado sobre la violencia en sus obras. Afirmó que La caza había influido profundamente en su visión del cine.

La caza es una película única en su género, por su sencillez y por su valentía. Encierra además una reflexión moral y muestra que, como decía Thomas Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre.

 

 

Antón L. Martínez
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