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Un tranvía llamado deseo: tórrido duelo de titanes

Hace unos meses hablamos de Elia Kazan, aquel griego nacido en la Constantinopla otomana de 1909 y emigrado a EEUU. A pesar de sus orígenes extranjeros, Kazan fue un auténtico maestro a la hora de adaptar a la gran pantalla obras de escritores que diseccionan de manera genial a la sociedad norteamericana poniendo de relieve sus miserias más inconfesables. Una de las obras más relevantes de la carrera de Kazan (y de la historia del cine) es Un tranvía llamado deseo, adaptación de una obra de teatro de Tennessee Williams que también había dirigido en los escenarios de Broadway.

Elia Kazan (1909-2003), el gran diseccionador fílmico de las miserias de EEUU.

Tennessee Williams es quizás el escritor americano más importante del siglo XX. Nacido en Misuri a principios de la década de 1910, su vida fue tremendamente difícil: desde pequeño sufrió el maltrato de un padre alcohólico y la esquizofrenia de su adorada hermana, que fue lobotomizada, además del estigma que suponía ser homosexual en el EEUU profundo de mediados del siglo XX. Esta dramática situación personal se refleja en sus obras, que diseccionan la psique de personajes oscuros y atormentados. Su consagración como autor teatral llegó en 1947 con el estreno de la obra de teatro Un tranvía llamado deseo. El autor presionó a los productores de Broadway para que la dirección de la obra corriese a cargo de Elia Kazan, por aquel entonces considerado el rey de los escenarios neoyorquinos. La obra, protagonizada por Marlon Brando y Jessica Tandy causó una auténtica sensación en Nueva York y le supuso a Williams su primer premio Pulitzer. Mientras tanto, también en los escenarios de Londres se estrenó con gran éxito, dirigida por Laurence Olivier y protagonizada por la mujer de éste, Vivien Leigh.

Tennessee Williams (1911-1983), probablemente el escritor más importante del siglo XX en EEUU.

La obra de teatro narra la llegada de la aparentemente elegante y refinada Blanche Dubois a casa de su hermana Stela en una Nueva Orleans sofocante y claustrofóbica. Blanche y Stela vienen de una familia acomodada que se ha arruinado. Stela reside con su marido, un brutal obrero de origen polaco llamado Stanley. En Nueva Orleans, Blanche y Stanley chocarán a causa de su diferente manera de ser al mismo tiempo que se incrementa le tensión sexual entre ambos; además, Blanche inicia una relación con Mitch, un amigo de Stanley. El final de la obra revelará la verdad sobre la oscura vida de Blanche.

En 1951 el productor Charles Feldman informó a Williams de que estaba interesado en adaptar la obra al cine y ambos estuvieron de acuerdo en que lo mejor sería que Elia Kazan, que por aquel entonces se había trasladado a Hollywood, la dirigiese también en pantalla grande. A la hora de elegir el reparto, Kazan presionó para que Marlon Brando y Jessica Tandy, que habían sido los protagonistas de la producción teatral, consiguiesen los papeles principales de la película. Tanto Brando como Tandy carecían prácticamente de experiencia como actores cinematográficos, por lo que el productor se negó inicialmente a que interpretasen la película. Finalmente, a la vista de que otros actores (como John Garfield o Burt Lancaster) rechazaron el papel, Feldman se vio forzado a aceptar a Brando, el gran acierto de la película. Sin embargo, para el papel de la protagonista, Feldman quiso contar con Vivien Leigh, la inmortal Escarlata O’Hara de Lo que el viento se llevó y que había representado la obra en Londres. Para los papeles secundarios de Mitch y Blanche, Kazan pudo contar con Karl Malden y Kim Hunter, que habían participado en las representaciones de Broadway. La censura imperante en Hollywood impuso que la película pasase de puntillas por temas como la homosexualidad o la violación, presentes en la obra teatral. Por lo demás, la película es exquisitamente fiel a la versión original. Otro de los elementos más importantes del film es la banda sonora de Alex North, que supuso un hito al convertir a Un tranvía…, en la primera película dramática con música de jazz, tal y como se puede ver en el video inferior. Una música que sugiere la atmósfera bochornosa y opresiva que rodea todo el filme.

lEn un primer momento, Leigh chocó con Elia Kazan. Le reprochaba que su manera de dirigir era totalmente distinta de la de su marido, Laurence Olivier. Sin embargo, a pesar de que al principio no se llevaron nada bien, Leigh y Brando acabaron siendo grandes amigos.

Vivien Leigh y Marlon Brando en uno de los mejores duelos interpretativos de la historia del cine.

La película supuso un éxito de crítica y público, siendo una de las cintas más taquilleras del año 1951 y fue considerada un clásico desde el momento de su estreno. Leigh, Malden y Hunter recibieron el premio Óscar en sus respectivas categorías; Brando, que estaba nominado al Óscar al mejor actor protagonista, fue desbancado por Humphrey Bogart y su papel en La reina de África. A pesar de ello, las actuaciones de ambos protagonistas se encuentran entre las mejores de toda la historia del cine. Otra de las consecuencias del éxito de la película fue la consagración del método Stanislavski propugnado por el Actor’s Studio, academia fundada por Elia Kazan y donde se había formado Brando como actor. El método Stanislavski defiende que el actor no debe de fingir, sino que debe de estudiar y diseccionar al personaje para poder meterse auténticamente dentro de su piel y vivirlo. Del Actor’s Studio saldrían actores y actrices que empezarían a llenar las pantallas desde entonces hasta hoy: James Dean, Montgomery Clift, Paul Newman, Marilyn Monroe, Robert De Niro, Dustin Hoffman, Al Pacino…

Los cuatro protagonistas de la cinta, en sentido horario empezando arriba a la izquierda: Vivien Leigh como Blanche, Marlon Brando como Stanley, Kim Hunter como Stella, y Karl Malden como Mitch.

Un tranvía llamado deseo es una película imprescindible en la historia del cine. Imprescindible porque supuso la consagración del considerado como mejor actor de todos los tiempos, Marlon Brando; imprescindible porque revolucionó la manera de enfocar la profesión del actor y la manera de encarnar a los personajes, e imprescindible porque contiene uno de los mayores duelos interpretativos del siglo XX.

Antón L. Martínez
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