Marilyn Monroe: el mito eterno

Ningún actor o actriz de Hollywood ha protagonizado tantas páginas y tantas teorías, a cada cual más trasnochada, que Marilyn Monroe. Puede que no fuese la mejor actriz de la historia y es cierto que su filmografía se reduce a un puñadito de películas. Sin embargo, la imagen que los estudios de Hollywood construyeron a partir de ella y las escabrosas circunstancias de su muerte la han convertido no ya en una de las actrices más legendarias, sino en un auténtico icono del siglo XX. Marilyn resultó víctima de un sistema que explotó su físico de manera voraz y que, finalmente, la sumergió en una espiral destructiva que culminaría con su muerte a los 36 años.

A pesar de haberlo intentado repetidas veces, los estudios de Hollywood no permitieron a Marilyn huir de papeles sexuales y superficiales como el que interpreta en Los caballeros las prefieren rubias.

Marilyn nació un 1 de junio de 1926 en Los Ángeles como Norma Jean Mortenson. Sus orígenes familiares son algo oscuros: su madre procedía de una familia muy humilde de emigrantes del Medio Oeste de EEUU que se había divorciado de su segundo marido al quedarse embarazada. De hecho, Marilyn adoptó el apellido del primer marido de su madre: Baker. En sus memorias, Marilyn cuenta que su madre atravesaba una situación económica muy precaria y que, por ello, pasó muchos años de su infancia y adolescencia con familias de adopción, llegando a resultar víctima de abusos sexuales en alguna de las casas en que residió. Al mismo tiempo, su madre se deslizaba hacia la locura para ser ingresada en un hospital psiquiátrico en 1934. A pesar de la dureza de la situación, Marilyn llegó a destacar por su facilidad para escribir durante sus años como estudiante.

Una de las primeras fotos existentes de Marilyn Monroe durante su infancia: unos años duros que marcarían toda su carrera.

En 1942, Marilyn, que tenía 16 años, contrajo matrimonio con el hijo de la familia que la había acogido en esa época. Parece ser que la familia debía de abandonar California y la única manera de que la chica los acompañase era contrayendo matrimonio con el muchacho. La pareja, obviamente, nunca fue feliz. Marilyn hubo de abandonar la escuela y dedicarse a las labores del hogar, mientras que el chico fue llamado a filas. EEUU había entrado en la Segunda Guerra Mundial y Marilyn, para ayudar a los esfuerzos bélicos, tuvo que ponerse a trabajar en una fábrica. Fue allí donde conoció a David Conover, fotógrafo que acudió a hacer un reportaje sobre las obreras de la factoría. Marilyn comenzó a posar para varios fotógrafos y, a partir de ese momento, despegó su carrera como modelo. Su popularidad creció a una velocidad vertiginosa y en 1946 un ejecutivo de la 20th Century Fox, Ben Lyon, decidió contratarla como actriz. Lyon fue el responsable de su nombre artístico: Marilyn Monroe en honor a una actriz teatral llamada Marilyn Miller y a que Monroe era el apellido de soltera de la madre de la actriz. Los primeros años en el cine fueron poco fructíferos: alternó papeles muy breves en películas mediocres con trabajos como modelo; fue en esa época cuando posó desnuda para reportajes fotográficos, un estigma que le acompañaría a lo largo de su carrera. Sin embargo, esos años resultaron importantes porque entonces se modeló la Marilyn que todos conocemos.

Una Marilyn irreconocible trabajando en una fábrica antes de la metamorfosis sufrida a finales de la década de 1940.

De esta manera, no sería hasta 1950 cuando se produciría su consagración: ese año realizó seis papeles secundarios y se convirtió en un rostro habitual en el cine americano. Especialmente relevantes resultan sus actuaciones en Eva al desnudo (J.L. Mankiewicz) y La jungla de asfalto (J. Huston). A mediados de década era una de las actrices mejor pagadas de Hollywood. De esos años son películas como Niágara (Henry Hathaway, 1943), Los caballeros las prefieren rubias (Howard Hawks, 1953) y La tentación vive arriba (Billy Wilder, 1954). A pesar de su popularidad, la actriz era perfeccionista hasta lo patológico y sufría problemas de ansiedad. Por aquel entonces, Marilyn empezó a consumir anfetaminas y tranquilizantes. En 1955, con el propósito de ampliar su registro interpretativo y salir de los papeles meramente sexuales en los que la habían encasillado, se desplazó a Nueva York a tomar lecciones en el Actor’s studio, del que hablamos la semana pasada, además de fundar su propia productora, Marilyn Monroe Productions (MMP). Sin embargo, pronto firmó nuevamente con la Fox al ver que era inviable autofinanciar sus propias películas; de todas maneras, las condiciones de ese contrato eran tremendamente ventajosas y concedían una amplísima libertad a la actriz.

Escena de Eva al desnudo. En ella, de izquierda a derecha, aparecen Anne Baxter, Bette Davis, Marilyn y George Sanders. A pesar de la brrevedad del papel, resultaría clave para lanzar la carrera de Marilyn Monroe.

Durante la segunda mitad de la década de 1950 se puso cada vez más en evidencia el declive psicológico de la actriz, aunque realizó algunos de los mejores trabajos de su carrera. Por aquellos años filmó Bus stop (Joshua Logan, 1956), El príncipe y la corista (Laurence Olivier, 1957) y Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959). Durante el rodaje de esta última, la actriz frecuentemente se olvidaba de los guiones, exigía múltiples tomas de una misma escena e incluso mantenía frecuentes discusiones con el director. De esta manera, fue calando en Hollywood una imagen de Marilyn como actriz conflictiva y mentalmente inestable, que motivó que le fueran rechazados papeles como el de la protagonista de Desayuno con diamantes (actuación que consagraría a Audrey Hepburn). Aún así, actuó en películas como Vidas rebeldes (J. Huston, 1961), en compañía de Clark Gable y Montgomery Clift. La combinación de esta decadencia como actriz, sus trastornos psicológicos, algunos problemas de salud y el divorcio de su tercer marido, el dramaturgo Arthur Miller, precipitaron el declive de Marilyn, cada vez más sola y más dependiente de los fármacos y del alcohol.

Una de sus últimas apariciones públicas en mayo de 1962 en el Madison Square Garden de Nueva York felicitando el cumpleaños al presidente Kennedy. En aquel momento la actriz era una sombra de lo que había sido.

El 5 de agosto de 1962 la actriz fue hallada muerta en su piso de Los Ángeles. La autopsia y los análisis toxicológicos determinaron la presencia de elevadas concentraciones de barbitúricos y de hidrato de cloral en sangre. Los barbitúricos son tranquilizantes cuya dosis tóxica es muy similar a la dosis terapéutica (y por tanto es fácil que se produzca una sobredosis que puede llegar a resultar letal). Pronto se desataron las especulaciones: se dijo que había sido asesinada por su proximidad al presidente John F. Kennedy y a su hermano Robert, que se había suicidado e, incluso, se llegó a hablar de complots comunistas para liquidar a la actriz. Lo cierto es que Marilyn fue una víctima; una víctima de una época y de un sistema que no fue capaz de ver más allá de su cara y de su físico y que la explotó todo lo que pudo. A pesar de haber intentado despegarse de su imagen sexual y frívola, los estudios no le dejaron explorar otros registros que pudiesen haber convertido a Marilyn en una de las grandes intérpretes de la historia del cine. Sin embargo, aunque Marilyn haya muerto, su mito es inmortal.

El Díptico de Marilyn (1962) es una obra del artista Pop Andy Warhol que ha inmortalizado y consagrado a la actriz como uno de los iconos del siglo XX.

Antón L. Martínez
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