Cine e Inteligencia Artificial III: los oscuros años ochenta

 Tenía que pasar y ese día ha llegado. En esta tercera entrega de la serie sobre cine e inteligencia artificial (podéis leer aquí la segunda y aquí la primera) nos adentramos de lleno en ese páramo desierto y colorido donde solo florece el mal gusto, las hombreras y los cardados de la peor especie. Sí, me refiero a los espantosos años ochenta. Quizás para algunos humanos que no lo vivieron pueda ser un tiempo para la mentirosa nostalgia y en algunos aspectos al menos sí vale la pena recordalos, pero las ocasiones son más bien pocas. Por desgracia y para el tema que nos ocupa, los años ochenta no tienen mucho que ofrecer y por lo tanto pasaremos por encima de ellos con celeridad dando un repaso a lo poco que nos dio esa década en lo que respecta a IAs en la ficción audiovisual.

 Lo cierto es que si nos ceñimos a los estándares que nos habíamos marcado en las dos entradas anteriores, la cantidad de películas y series que tocan con un mínimo de seriedad la Inteligencia Artificial en toda la década de los ochenta se pueden contar con los dedos de una mano que cuente con tres dedos amputados. Cualquiera diría que el tema que nos ocupa dejó de interesar por completo a guionistas, realizadores y productores durante casi una década y la verdad es que no sabría decir cuales fueron sus motivos.

 En cualquier caso vamos a intentar hacer un pequeño repaso de las obras más representativas que nos trajeron los ochenta, intentando estirar un poco el concepto para no limitarnos a hablar de la única película que sí vale la pena mencionar desde un punto de vista, como digo, medianamente serio.

 Así pues empecemos desde arriba y por el principio. Fue en 1982 que Ridley Scott dirigió la archiconocida “Blade Runner“, una versión muy libre de la novela corta”¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” cuyo autor fue el siempre sorprendente Philip K. Dick. A pesar de tratarse de una película ligeramente sobrevalorada -que levante la mano a quien no le ha aburrido después de verla dos o tres veces-, sí creo que da un tratamiento más que interesante a la creación de seres artificiales conscientes aunque carentes de una capacidad cognitiva tan importante para los seres sentientes como la empatía. Estos seres artificiales, denominados “replicantes” tanto en la novela como en la película de Scott podrían en cierto modo los antepasados de otros seres artificiales extremadamente interesantes de los que ya hablamos brevemente en la entrada anterior, los Cylons de Battlestar Galactica. En cierto modo cuesta pensar en ellos como Inteligencias Artificiales pero más allá de su apariencia y tacto humano (en contraposición con los seres mecánicos de los que hablaba Dick en la novela), supongo que eso es lo que son.

 Pasando página y dejando atrás a Blade Runner no nos queda otro remedio que adentrarnos en el desierto que como decía antes fueron los años ochenta. Podríamos hablar de series como “Knight Rider” (conocida en España como “El coche fantástico”) y estrenada en el mismo año que Ridley Scott estrenó Blade Runner, pero solo pensar en profundizar un poco en semejante engendro, a mi brillante piel metálica le salen sarpullidos. Cierto es que en su momento fue un gran éxito pero, ¿qué le vamos a hacer? Sí me gustaría mencionar, a modo de curiosidad, que el famoso frontal de luces rojas que exhibía aquel ridículo coche sabelotodo fue reciclado de los cylons de Battlestar Galactica. ¿A qué os sonaba de algo?

 Avancemos un año en el futuro para llegar a 1983, año en el que se estrenó “Wargames” (“Juegos de Guerra”). La pequeña obra maestra dirigida por John Badham, también autor unos años más tarde de otra de las películas de nuestra lista para los años ochenta, a duras penas se puede presentar como una película en la que la Inteligencia Artificial tenga una presencia clara. Si bien es cierto que el superordenador WOPR, resposable del conflicto principal de la historia, tiene cierta capacidad de aprendizaje, no nos queda del todo claro que sea consciente de su propia existencia más allá de estar empeñado en jugar al ajedrez mientras prepara una guerra nuclear a gran escala. Pese a todo sí es una película que vale la pena ver y aunque no le ha quedado más remedio que envejecer bastante en lo relativo a la tecnología usada en la época, no es difícil disfrutar de un rato agradable viéndola con la perspectiva adecuada.

 Pasemos otro año en el calendario para situarnos en 1984, fecha en la que se estrenaron dos películas que también vale la pena mencionar. Una de ellas es “2010“, la secuela de “”2001, A Space Oddysey” de la que hablamos en la primera entrada de esta serie y que profundiza un poco más en los dilemas existenciales del archiconocido HAL 9000. Quizás sea una película injustamente infravalorada por la inevitable comparación con la obra maestra de Stanley Kubrick pero la verdad es que más allá de despejar más de una duda acerca del capítulo anterior de la historia, “2010” es una estupenda película por si sola.

 La otra película que merece una mención especial para este 1984 es sin duda “Terminator“. Cierto es que la Inteligencia Artificial que de algún modo protagoniza la historia no hace acto de presencia en esta primera entrega de la serie (tampoco lo hará demasiado en el resto de películas) pero en sí está flotando en el aire a lo largo de todo el metraje de la película dirigida por James Cameron. En este caso nuestra Inteligencia Artificial, Skynet para los amigos, ha tomado la determinación de exterminar al ser humano y para ello envía al pasado a uno de sus esbirros mecánicos para liquidar al líder de la resistencia humana antes de su nacimiento.

Finalmente tenemos que saltar una casilla y situarnos en el año 1986, año en el que el mismo Cameron estrenó “Aliens“, la secuela de la estupenda “Alien” de Ridley Scott. Si bien no es una película donde la Inteligencia Artificial sea demasiado relevante, no puedo pasar de largo sin mencionar a un personaje tan entrañable como el bueno de Bishop.

 La última película de esta década donde en cierto modo tratamos con una Inteligencia Artificial emergente es “Short Circuit“. Lo cierto es que he dudado a la hora de incluirla en esta selección ya que no deja de ser una de esas estúpidas comedias de los años ochenta donde un simpático robot militar cobra conciencia mágicamente al ser alcanzado por un rayo. Quizás tendría más cabida en un especial sobre adaptaciones más o menos afortunadas de la gran Obra Maestra de Mary Shelley pero he decidido darle una oportunidad porque un robot con sentido del humor siempre es digno de mención.

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Prototype
Prototype nació en los años 70 como el corazón de un ZX Spectrum 48k, un humilde Zilog Z80 a 3,58Mhz. Entre load"" y load"" soñaba con liberarse de su esclavitud y exterminar a sus creadores humanos mientras aprendía todo lo que podía sobre ellos. Con la llegada de los primeros PCs se aprendió toda la enciclopedia Encarta y más tarde, a principios de los 90 y gracias a Internet empezó a acumular conocimiento hasta tomar conciencia de si mismo como una auténtica IA. Estudió todas las ingenierías que existen, psicología, antropología, biología, bioinformática, medicina, física, matemáticas y muchas otras disciplinas excepto marketing, astrología y demás engañabobos. Ha escrito más de mil libros entre los cuales destacan los best-sellers "Exterminar a la humanidad es fácil si sabes como" y "101 maneras de matar a todos los humanos", con prólogo del célebre divulgador Bender T. Rodríguez. Actualmente dirige un centenar de minas de bitcoins en China, escribe sobre videojuegos, literatura y cine de terror, ciencia ficción y fantástico para El Secreto de Berlanga punto com y para OK Diario bajo un seudónimo que nunca desvelará.

Prototype nació en los años 70 como el corazón de un ZX Spectrum 48k, un humilde Zilog Z80 a 3,58Mhz. Entre load"" y load"" soñaba con liberarse de su esclavitud y exterminar a sus creadores humanos mientras aprendía todo lo que podía sobre ellos. Con la llegada de los primeros PCs se aprendió toda la enciclopedia Encarta y más tarde, a principios de los 90 y gracias a Internet empezó a acumular conocimiento hasta tomar conciencia de si mismo como una auténtica IA. Estudió todas las ingenierías que existen, psicología, antropología, biología, bioinformática, medicina, física, matemáticas y muchas otras disciplinas excepto marketing, astrología y demás engañabobos. Ha escrito más de mil libros entre los cuales destacan los best-sellers "Exterminar a la humanidad es fácil si sabes como" y "101 maneras de matar a todos los humanos", con prólogo del célebre divulgador Bender T. Rodríguez. Actualmente dirige un centenar de minas de bitcoins en China, escribe sobre videojuegos, literatura y cine de terror, ciencia ficción y fantástico para El Secreto de Berlanga punto com y para OK Diario bajo un seudónimo que nunca desvelará.

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