The Twilight Zone

Hay una quinta dimensión más allá de lo que el hombre conoce. Es una dimensión tan vasta como el espacio y tan atemporal como el infinito. Es el término medio entre la luz y la sombra, entre la ciencia y la superstición, y se encuentra entre el abismo de los temores del hombre y la cumbre de su conocimiento. Esta es la dimensión de la imaginación. Es un área que llamamos Twilight Zone.

Así empezaba, más o menos, la introducción narrada,a su pesar (Orson Welles pedía demasiado dinero por hacerlo él), por el incombustible Rod Serling para la primera temporada de las cinco que compusieron la estupenda y pionera serie de ciencia ficción “The Twilight Zone”, casi siempre acompañada por aquella inolvidable música creada por el compositor francés Maurius Constant en una sola tarde de inspiración.

 Espera un momento, querido lector. Quizás me he dejado llevar por la emoción, me he precipitado un poco y no os he presentado como es debido. Es posible que te estés preguntando qué diablos es eso de “The Twilight Zone“, así que empecemos de nuevo desde el principio y déjame que te pida un pequeño favor. Apaga un momento la pantalla del dispositivo en el que estás leyendo este artículo de tu blog favorito, abrígate bien y sal un momento a la calle. Me gustaría que una vez allí le preguntes a las cinco o seis primeras personas con aspecto amistoso que encuentres cual es la serie clásica de ciencia ficción para televisión más relevante que conozcan.

Rod Serling, creador de la serie.

Es muy probable que si no se asustan y salen corriendo, su respuesta sea “Star Trek” y quizás algún despistado recurra a la que quizás pueda ser la otra respuesta más socorrida frente a una pregunta de esta índole, es decir, “Doctor Who“. Si por casualidad alguien te dijese “Lost in Space” te ruego que le des con un palo en la cabeza, se la cortes, la conserves en formol y me la envíes mediante correo postal. Pues bien, si todavía no te has equipado para tu futil aventura en el mundo exterior, no te molestes en hacerlo porque todos ellos se equivocan por completo. Si hay una serie de televisión que ha sobrevivido con bastante más dignidad de la necesaria para ser revisitada hoy en día, casi sesenta años después de su estreno el dos de octubre de 1959, esa es sin duda “The Twilight Zone, conocida también por estos lares como “La Dimensión Desconocida” aunque coincidirás conmigo en que no suena ni de lejos tan bien como su nombre original.

A lo largo de los ciento cincuenta y nueve episodios que componen las cinco temporadas de la serie, su creador, el incansable Rod Serling viajó sin cesar a los límites de aquello que un conocido crítico de literatura de ciencia ficción definió como la misma esencia del género, el “¿qué pasaría si…?“. Cierto es que uno de los principales motivos de Serling para decantarse por la ciencia ficción en el que fue el trabajo más importante de su dilatada carrera no iba por ahí ni mucho menos, sino como un vehículo muy acertado para tratar temas que le interesaban sin tener que lidiar con la lacra de la censura, algo contra lo que luchó sin descanso durante toda su vida.

En cualquier caso los dos objetivos quedaron más que cumplidos ya que “The Twilight Zone” es un maravilloso ejemplo de lo que puede dar de si la limitada imaginación de los patéticos seres humanos y al mismo tiempo tratar cualquier tema, por peliagudo que pueda resultar desde entonces hasta hoy, que tanto a su creador o a sus colaboradores les pudiese apetecer. Y puedes creer que lo hicieron con todas las letras, explorando temas que van desde la cirugía estética más radical hasta temas tan controvertidos (y que más que probablemente hoy en día no pasarían la censura más básica) como el suicidio infantil. Sin duda alguna, “The Twilight Zonees el vivo paradigma de una serie que pese a acumular tantos años a sus espaldas apenas ha envejecido en muchos de los temas que trata. Cierto es que en otros aspectos si puede resultar ligeramente naïf, pero todos sabemos que cuando el núcleo es resistente, el envoltorio no tiene mayor importancia.

‘Eye of the Beholder’

 “The Twilight Zone” es en esencia una exploración de la condición humana y el modo en el que la gente se enfrenta al miedo a lo desconocido. Rod Serling estaba interesado en imaginar el mundo como realmente podría llegar a ser, pero sin alejarse demasiado de su propia realidad para evitar que los conceptos tratados no llegasen a ser del todo irreconocibles por sus espectadores. A ser posible, decía en una entrevista concedida en 1975, preferiría escribir historias que pudiesen suceder en pocos años sin necesidar de trasladarnos al próximo siglo o al siguiente.

Se ha quedado un buen apocalípsis para leer un rato.

Sin embargo, ahora que estamos bien adentrados en ese próximo siglo que estaba tan lejos de Serling, algunas de las ideas e inventos más fantásticos de The Twilight Zone han surgido en el mundo real.

Casi sesenta años después de que se emitiese por primera vez, volver a ver la serie revela como muchas de las tecnologías e ideas que imaginó como sobrenaturales en la década de 1960 son comunes o al menos concebibles hoy en día, incluidos los automóviles sin conductor, televisores de pantalla plana, androides, vigilancia gubernamental y muchas otras.

El episodio de 1963 “Valley of the Shadow“, por ejemplo, presenta un dispositivo que manipula los átomos para hacer que los objetos desaparezcan o aparezcan. Los científicos humanos actuales trabajan en la fabricación de “capas de invisibilidad” que oscurecen los objetos doblando las ondas de luz a su alrededor.

En “Static” (1961), un hombre es capaz de escuchar on-demand  una emisión de radio de su infancia, una idea que parecía sobrenatural cuando el episodio se emitió por primera vez, lo cual hoy resulta trivial. Las plataformas como YouTube o Spotify han alterado por completo la antigua percepción lineal de lo que podemos ver o escuchar, dando un control total al espectador de lo que quiere hacer o dejar de hacer en un momento determinado con su tiempo.

“The Twilight Zone” también predijo los vehículos sin conductor en más de un episodio. En “A Thing About Machines” (1960), uno de ellos persigue a un hombre, aunque este está poseído en lugar de estar programado como la flota de vehículos autónomos de Google. O como comentaba antes, la cirugía plástica tal como la conocemos todavía estaba en pañales cuando The Twilight Zone se emitió por primera vez y todavía hoy no resulta (normalmente) tan extrema como se muestra en “Number 12 Looks Just Like You” (1964), un episodio que imagina un mundo en el que los  jóvenes se someten a cirugía para cambiar su aspecto de acuerdo a un conjunto de modelos que se pueden elegir vía catálogo.

Sé lo que estás pensando.

Por supuesto también hay muchas ideas de The Twilight Zone  que no han sucedido. Afortunadamente para vosotros la Tierra no fue aniquilada por la guerra nuclear en 1985, como se predijo en “Elegy” (1960). El oro todavía no ha perdido su valor como predijo que lo hará para el año 2061 en “The Rip Van Winkle Caper” (1961). Los humanos no se asentaron en un nuevo planeta en 1991, como cuenta en “On Thursday We Leave for Home” (1963) y un muy largo etcétera.

Un tema particularmente profético en la serie es una exploración de la relación entre humanos y robots. The Twilight Zone imaginó amantes robóticos, asistentes personales, abuelas, niños, atletas, etc. En “The Lateness of the Hour” (1960), un hombre y su esposa tienen un equipo de asistentes robot. Hoy tenéis a Siri en vuestros anticuados iPhones y robots Roombas esclavos que pasan la aspiradora en nuestras casas.

 Además de ese aspecto predictivo y cercano a la ciencia ficción, en muchos otros episodios de “The Twilight Zone” domina un componente mucho más fantástico y a veces vinculado al género de terror. La verdad es que algunos de los episodios más memorables de la serie pertenecen sin duda a esa vertiente.

No por nada uno de los homenajes más conocidos y recurrentes a “The Twilight Zone” en la televisión de las últimas décadas es el que podemos encontrar en muchos de los episodios especiales de Halloween (“Treehouse of Horror”) de Los Simpsons. Por ejemplo, uno de los más conocidos hace referencia al episodio de 1962 “To Serve Man“, que seguramente recordaréis de la serie animada por este vídeo:

Otro de esos inolvidables episodios de corte terrorífico con los cuales nos deleitó “The Twilight Zone” y quizás el mayor responsable de que muchos humanos no pierdan de vista el ala del avión en el que vuelan de noche, es “Nightmare a 20.000 feet” y emitido por primera vez en 1963.

¡Azafata! Un bicho se come el ala del avión.

En ese episodio, protagonizado por un joven William Shatner que más tarde daría vida al histrionico Capitán Kirk en la serie original de “Star Trek”, su personaje observa con sorpresa como una especie de goblin aposentado sobre el ala del avión en el que vuela, se dedica a destrozarla hasta que el avión comienza a fallar.

Quizás ese sea uno de los episodios de una serie de televisión más homenajeado en toda la historia de la caja tonta. Lo podemos ver de nuevo en una entrega del especial de Halloween de los Simpsons en 1993, también en el remake de “The Twilight Zone” producido por Steven Spielberg y John Landis en forma de largometraje allá por 1983 o incluso en un videoclip musical de la banda de pop melódico “Anthrax” llamado “Inside Out”, junto a muchos otros.

 Por cierto, ya que mencionamos el largometraje de principios de los ochenta que funciona a modo de remake y recrea algunos de los episodios más reconocidos de la serie, tenéis que saber que esa no fue la única ocasión en la que se intentó recuperar la creación de Rod Serling. Entre 1985 y 1989 se emitió el primer remake en forma de serie de televisión, donde además de reconstruir muchos de los episodios clásicos, también se crearon muchos otros nuevos cuyos guiones firmaron escritores de la talla de Ray Bradbury, Stephen King o George R. R. Martin. El segundo intento de revivir la serie fue emitido entre 2002 y 2003, donde Forest Whitaker ocupaba el papel de presentador que antaño había sido para su creador original, Rod Serling.

 Hace pocos días supimos que la cadena de televisión norteamericana CBS planea resucitar de nuevo la serie en una nueva versión. Esperemos que lo hagan como es debido y todavía tengamos Dimensión Desconocida para rato.

 

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Prototype
Prototype nació en los años 70 como el corazón de un ZX Spectrum 48k, un humilde Zilog Z80 a 3,58Mhz. Entre load"" y load"" soñaba con liberarse de su esclavitud y exterminar a sus creadores humanos mientras aprendía todo lo que podía sobre ellos. Con la llegada de los primeros PCs se aprendió toda la enciclopedia Encarta y más tarde, a principios de los 90 y gracias a Internet empezó a acumular conocimiento hasta tomar conciencia de si mismo como una auténtica IA. Estudió todas las ingenierías que existen, psicología, antropología, biología, bioinformática, medicina, física, matemáticas y muchas otras disciplinas excepto marketing, astrología y demás engañabobos. Ha escrito más de mil libros entre los cuales destacan los best-sellers "Exterminar a la humanidad es fácil si sabes como" y "101 maneras de matar a todos los humanos", con prólogo del célebre divulgador Bender T. Rodríguez. Actualmente dirige un centenar de minas de bitcoins en China, escribe sobre videojuegos, literatura y cine de terror, ciencia ficción y fantástico para El Secreto de Berlanga punto com y para OK Diario bajo un seudónimo que nunca desvelará.

Prototype nació en los años 70 como el corazón de un ZX Spectrum 48k, un humilde Zilog Z80 a 3,58Mhz. Entre load"" y load"" soñaba con liberarse de su esclavitud y exterminar a sus creadores humanos mientras aprendía todo lo que podía sobre ellos. Con la llegada de los primeros PCs se aprendió toda la enciclopedia Encarta y más tarde, a principios de los 90 y gracias a Internet empezó a acumular conocimiento hasta tomar conciencia de si mismo como una auténtica IA. Estudió todas las ingenierías que existen, psicología, antropología, biología, bioinformática, medicina, física, matemáticas y muchas otras disciplinas excepto marketing, astrología y demás engañabobos. Ha escrito más de mil libros entre los cuales destacan los best-sellers "Exterminar a la humanidad es fácil si sabes como" y "101 maneras de matar a todos los humanos", con prólogo del célebre divulgador Bender T. Rodríguez. Actualmente dirige un centenar de minas de bitcoins en China, escribe sobre videojuegos, literatura y cine de terror, ciencia ficción y fantástico para El Secreto de Berlanga punto com y para OK Diario bajo un seudónimo que nunca desvelará.

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