• Inicio
  • /
  • Cine
  • /
  • El cine y el cigarrillo: una larga historia de odio y amor

El cine y el cigarrillo: una larga historia de odio y amor

El pasado 28 de octubre se conmemoró una curiosa efeméride: hace 525 años, en 1492, Rodrigo de Jerez, que acompañó a Cristobal Colón en su primer viaje, se convirtió en el primer consumidor europeo de tabaco. Cuando volvió a Ayamonte (Huelva), su pueblo natal, trajo el vicio de fumar con él y, por ello, fue encarcelado por la Inquisición bajo la acusación de estar poseído por el demonio (puesto que expulsaba humo por la boca). Sin embargo, pronto hasta los inquisidores se rindieron ante el humo del cigarrillo.

Desde aquel momento la sociedad occidental se rindió al hábito de fumar, primero como tratamiento medicinal y posteriormente como recreativo. La historia del consumo de tabaco dentro de las pantallas corre en paralelo con el ascenso y caída de su popularidad  durante el siglo XX (y lo que llevamos de XXI).

El cine en blanco y negro se caracteriza por la amplia utilización del tabaco. El humo contribuía a crear atmósferas brumosas y etéreas, difuminando la luz y a acentuando la tensión en escenas interiores. De esta manera, películas de cine negro como El halcón maltés (1941) o Perdición (1944) deben parte de su peculiar fotografía al tabaco. Paralelamente, muchos actores y actrices aprovecharon el consumo de cigarrillos para perfilar la psique de sus personajes. Así, el gesto de fumar contribuyó a reforzar la virilidad de los personajes interpretados por Humphrey Bogart o John Wayne. Por otra parte, en los personajes femeninos el cigarrillo reforzaba la imagen de mujer fatal, lo que aprovecharon actrices como Lauren Bacall, Rita Hayworth o Marlene Dietrich. También hay que destacar a Groucho Marx, que siempre se acompañaba en sus apariciones cinematográficas de un puro (aunque normalmente apagado). Detrás de esta aceptación del tabaco en las pantallas se encontraban las compañías tabacaleras, que consideraron Hollywood como una gran plataforma publicitaria para extender el consumo de cigarrillos.

Varios personajes de las décadas de 1930 y 1940 inseparables de su cigarro: desde arriba a la izquierda y en sentido de las agujas del reloj, Marlene Dietrich en Morocco (1930), Humphrey Bogart en Casablanca (1942), Rita Hayworth en Gilda (1946), John Wayne en La diligencia (1939), Lauren Bacall en Tener y no tener (1944) y Groucho Marx.

La década de 1950 vino acompañada de algunos cambios que contribuyeron a reducir la presencia del tabaco en el cine. Por una parte, la generalización del color restó atractivo estético al humo en las películas; además, apareció un competidor muy poderoso que restó muchos espectadores a las salas de cine: la televisión. De esta manera, muchas compañías tabacaleras apostaron por la promoción de sus productos utilizando a personajes de este medio. A pesar de que excede del tema de esta entrada del blog (dedicada al tabaco en el cine), el vídeo inferior es muy elocuente acerca de la inconsciencia en cuanto a los efectos del tabaco en la época puesto que, en él, los personajes de una serie infantil como Los Picapiedra hacen publicidad de una marca de cigarrillos.

Además, en la década de 1950 empezaron a conocerse los efectos nocivos del hábito de fumar. El primer trabajo que lo relacionó con el cáncer de pulmón fue publicado por Richard Doll y Austin Bradford Hill en el año 1950, aunque la sociedad tardaría varios años en empezar a tomar conciencia de los efectos negativos del humo de tabaco. Quizás una de las primeras advertencias acerca de la peligrosidad del consumo de cigarrillos fue la muerte por cáncer de pulmón de Humphrey Bogart en 1957, que había sido uno de los grandes fumadores de Hollywood.

Fumando en color: Cruella de Vil en 101 dálmatas (1961), James Dean en Rebelde sin causa (1955) y Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes (1961).

En 1971, EEUU prohibió la publicidad de tabaco en televisión, por lo que las tabacaleras volvieron a apostar por el cine para promocionar sus productos. Al mismo tiempo, durante las décadas de 1970 y 1980 las evidencias a favor de los riesgos del humo de los cigarrillos comenzaron a ser abrumadoras. Quizás el caso que más contribuyó a concienciar a la sociedad americana  fue el del actor Yul Brynner. Brynner era un actor de origen ruso que alcanzó fama en Hollywood por su aspecto físico y su fisionomía exótica que le permitió interpretar papeles como el del rey de Siam en El rey y yo (1956), Ramsés II en Los diez mandamientos (1956) o Chris Adams en Los siete magníficos (1960). Fumador empedernido, poco antes de fallecer de cáncer de pulmón grabó el espeluznante anuncio que aparece tras este párrafo y que se emitió después de su muerte.

A partir de 1990 llegaron las primeras regulaciones para intentar erradicar el tabaco de las películas. Así, en 1998 las tabacaleras se comprometieron a no promocionar sus marcas en el cine y, ya en 2007 se empezó a tener en cuenta el uso del tabaco a la hora de calificar las películas por edades. A pesar de ello, en estos últimos años los cigarrillos siguen presentes en el cine, especialmente asociados a personajes rebeldes e indómitos.

Sharon Stone en Instinto básico (1992), Renée Zellweger en El diario de Bridget Jones (2001) y Leonardo DiCaprio en Titanic (1997).

En los últimos tiempos, las tabacaleras se han fijado en nuevos mercados como Asia y África; de esta manera, han aprovechado el cine para contribuir a extender el hábito de fumar en esos continentes usando como plataformas propagandísticas el cine indio y el cine chino (en especial hongkonés).

En el año 2005 se prohibió mostrar personajes fumando en el cine indio. La norma fue abolida en 2009 y, ciertamente, la difusión del cine del subcontinente en el resto de Asia y África ha servido para publicitar el hábito en estos países.

El caso español reproduce lo dicho para el cine americano, puesto que se ha pasado desde la absoluta tolerancia en el pasado a una mayor restricción en los últimos años. Uno de los momentos estelares del cine español en relación con el tabaco es la interpretación que realiza Sara Montiel del tango Fumando espero en la película El último cuplé (1957), recogido el vídeo que sigue a este párrafo. A pesar de que muchas fuentes sostienen que el tango hace referencia al tabaco, la letra hacía referencia originalmente a la cocaína, tal y como comentaba la Bella Dorita, que estrenó la canción en 1923, en esta entrevista (minuto 24), pero eso ya es otra historia…

Antón L. Martínez

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar