La Segunda Guerra Mundial en el cine

Entre 1939 y 1945 tuvo lugar la mayor salvajada que el ser humano ha llevado a cabo hasta el día de hoy. Con unos sesenta millones de víctimas (y cuarenta millones civiles entre ellas), la Segunda Guerra Mundial ha sido la contienda más cruenta. Al mismo tiempo, es uno de los acontecimientos históricos que más fascinación suscitan en todo el Mundo y, además, constituye un hito fundamental en el relato nacional de varios países, como Reino Unido, Estados Unidos o Rusia. Por ello no resulta inexplicable que se hayan realizado varios miles de películas de todas las nacionalidades acerca del tema. En esta entrada de El Secreto de Berlanga se ofrece una pequeñísima muestra de cintas que tienen como trasfondo la contienda.

Hitos de la Segunda Guerra Mundial en orden cronológico: en la fila superior invasión de Francia por los Nazis, bombardeos de Londres, ataque japonés a Pearl Harbor y batalla de Stalingrado; en la fila del medio batalla de El Alamein, desembarco americano en Guadalcanal (Islas Salomón) y destrucción del monasterio italiano de Montecassino; en la fila inferior desembarco de Normandía, liberación de Auschwitz por los soviéticos, toma de Berlín por los soviéticos y bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

La guerra se inició con la invasión de Polonia por parte de las tropas alemanas en septiembre de 1939. Este acontecimiento desencadenó la declaración de guerra de Francia e Inglaterra a la Alemania Nazi. El impacto de la llegada de los Nazis a Varsovia se recrea en una de las mejores comedias de la historia: Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942).

Más reciente es Dunkerque (Christopher Nolan, 2017). Este film americano, que se cuenta entre las películas más exitosas de este año, cuenta con gran realismo la batalla librada en esa localidad del norte de Francia. El rápido avance de las tropas alemanas por Francia y Bélgica en primavera de 1940 supuso que las fuerzas militares de los aliados (especialmente Reino Unido y la denominada Francia libre) fueran cercadas por los alemanes en este puerto francés. Miles de embarcaciones británicas (incluidos yates de recreo y lanchas de pesca) acudieron a las costas galas para evacuar a los soldados aliados en la denominada Operación Dinamo. A pesar de que la evacuación desencadenó la rendición de Francia ante los alemanes, el denominado Milagro de Dunkerque permitió a Reino Unido preservar su capacidad militar, algo que resultaría clave para el transcurso de la guerra.

Años más tarde, en junio de 1944, las fuerzas aliadas (inglesas, estadounidenses, canadienses y de la Francia libre, entre otras nacionalidades) iniciaron un desembarco a unos cientos de kilómetros al sur de Dunkerque: en la costa de Normandía próxima a Caen. La operación Overlord implicó la movilización de más de tres millones de soldados en tres meses y desencadenó la caída de la Alemania Nazi en un plazo inferior a un año. El desembarco de Normandía ha sido llevado al cine en múltiples ocasiones. Se pueden destacar dos películas estadounidenses: Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998), con una brutal recreación del desembarco en las escenas iniciales (que se puede ver en el vídeo que se recoge al final del párrafo), y El día más largo (1962), película de varios directores que constituye la recreación más fiel de unos hechos que cambiaron el curso de la historia. Una de las consecuencias inmediatas del desembarco fue la liberación de París, reflejada por el filme francés ¿Arde París? (René Clément, 1966), que pasa de puntillas por el hecho de que muchos de los soldados que arrebataron la capital francesa de manos de los Nazis eran españoles excombatientes del ejército republicano en nuestra Guerra Civil.

El cine también se ha inspirado en algunas operaciones fallidas de la guerra, como el intento de liberación de Holanda en septiembre de 1944. Con esta operación denominada Market Garden, los aliados pretendían tomar los principales puentes de la Holanda ocupada por los alemanes mediante un despliegue de tropas aerotransportadas sin precedentes. Tal y como narra la película angloestadounidense Un puente lejano (Richard Attemborough, 1977), la imposibilidad de tomar el puente de Arnhem supuso un duro golpe para los aliados que retrasó varios meses el fin de la guerra y la pérdida de casi veinte mil soldados.

La península italiana también fue un teatro de operaciones fundamental en la contienda. En este blog ya se ha hablado de Roma, ciudad abierta, la obra maestra del neorrealista Rossellini de 1945. Más reciente es la italiana La noche de San Lorenzo (hermanos Taviani, 1982), que muestra los sufrimientos de la población civil de la Toscana durante el avance aliado desde Sicilia hacia el norte del país. Otra película que se desarrolla en Italia es la británica El paciente inglés (Anthony Mingella, 1996), que narra la relación entre un enigmático soldado y una enfermera en un sanatorio italiano al final de la contienda.

La lucha entre los Aliados y el Eje (Italianos y Alemanes) también se desarrolló intensamente en el norte de África. El aparentemente imparable avance del Eje desde el oeste del continente fue frenado a pocos kilómetros de El Cairo (capital del protectorado británico de Egipto) con la victoria inglesa en El Alamein; batalla que enfrentó a tropas dirigidas por dos generales legendarios: el alemán Rommel y el británico Montgomery. El avance de las tropas ítalo-alemanas fue reflejado por Billy Wilder en Cinco tumbas al Cairo (1943), que narra cómo un soldado inglés suplanta a un camarero y llega a servir al mismísimo Rommel. También en el norte de África se desarrolla Casablanca (Michael Curtiz, 1942), que refleja la situación en la ciudad colonial francesa en que conviven oficiales alemanes y de la Francia ocupada, espías de ambos bandos y refugiados que huyen de la persecución nazi.

También el cine alemán ha recreado el sinsentido de la guerra en películas como El submarino (Wolfgang Petersen, 1981) o El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004). El primer film contiene una minuciosa y claustrofóbica recreación del periplo de un submarino alemán por el Atlántico (con escala en Vigo incluida), y la segunda cinta recrea de modo certero los últimos días de la guerra en el búnker de Berlín donde se refugiaba Hitler con sus allegados (incluido el siniestro ministro de propaganda Joseph Goebbels).

La Segunda Guerra Mundial implicó también el enfrentamiento del Imperio Japonés contra los Aliados en el otro gran teatro de operaciones de la contienda: el océano Pacífico. La entrada de EEUU en la Guerra se desencadenó por el ataque japonés a la base naval hawaiana de Pearl Harbor, tal y como recrea la película americana homónima de 2001 dirigida por Michael Bay. Otro filme que refleja este momento es Tora! Tora! Tora! (VVAA, 1970). La declaración de guerra a Japón implicó que Alemania se posicionase también como enemiga de EEUU, obligando al país norteamericano a combatir en ambos escenarios.

De entre las películas que han recreado las luchas entre los japoneses y los Aliados se pueden destacar Objetivo Birmania (Raoul Walsh, 1945), con un Errol Flynn capaz de liquidar por sí mismo a todo el ejército japonés; De aquí a la eternidad (Fred Zinnemann, 1953), que muestra el impacto del ataque a Pearl Harbor en las vidas de un grupo de soldados americanos; El puente sobre el río Kwai (David Lean, 1957), acerca del cautiverio de un batallón británico condenado a trabajos forzados por los japoneses, y las dos películas dirigidas por Clint Eastwood en 2006 que relatan la encarnizada y crucial batalla de Iwo Jima (1945): Banderas de nuestros padres, que refleja el punto de vista de los estadounidenses y Cartas desde Iwo Jima, que recoge estos mismos acontecimientos a través de la visión japonesa. En el siguiente vídeo se recoge una de las escenas de El puente sobre el río Kwai en que el batallón inglés cautivo silba el célebre tema de la película. A pesar de que la cinta inmortalizó esa melodía, se trata de la adaptación de una marcha compuesta en 1914 que se popularizó entre los combatientes británicos durante la Segunda Guerra Mundial.

El cine americano ha dejado de lado el papel de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que el país estuviese regido por el sanguinario tirano Stalin, su actuación en la guerra contribuyó de forma determinante a la caída del régimen nazi y se cobró las vidas de casi veinticinco millones de soviéticos (entre civiles y militares). Este olvido se debió a que una de las consecuencias de la guerra fue el estallido de la denominada Guerra Fría, en que la comunista Unión Soviética se convirtió en enemiga de EEUU y de los países de su área de influencia.

Fotograma de Stalingrado (1993), filme alemán que recrea la derrota nazi en una de las batallas más sangrientas de la contienda que tuvo lugar en el frente ruso entre agosto de 1942 y febrero del año siguiente.

Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial no se limitó a los combates, sino que implicó una serie de acontecimientos que también han sido el trasfondo de muchas producciones cinematográficas. Ejemplo de ello es el Holocausto, el exterminio sistemático por parte del régimen nazi de unos doce millones de seres humanos; profundos cambios sociales en todos los países beligerantes, e, incluso, la Guerra Civil Española, considerada por muchos historiadores como el prólogo de la contienda global. En entradas futuras de este blog nos referiremos a la influencia de estos hechos históricos en el cine.

Fotograma de La vida es bella (Roberto Benigni, 1997), película italiana que retrata el Holocausto desde el punto de vista de un niño.

Antón L. Martínez

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