La pintura en el cine

Hace unas semanas se estrenó unas de las películas más originales de los últimos años: Loving Vincent. El filme refleja los últimos días de la vida de Vincent van Gogh homenajeando a su pintura, puesto que cada fotograma de la cinta está pintado al óleo inspirándose en el estilo del pintor holandés.

Sin embargo, Loving Vincent no es la primera película basada en la vida de van Gogh. En 1990 se estrenó Vincent y Theo (Robert Altman), filme que se centra en recrear los últimos años del pintor, marcado por la enfermedad psiquiátrica. La película refleja la relación del pintor con su hermano, el marchante de arte Theo van Gogh. Pero, sin duda, la mejor cinta acerca de van Gogh es El loco del pelo rojo (1956), de Vincente Minnelli. La película cuenta con Kirk Douglas como el pintor holandés y Anthony Quinn como Gauguin. Antes de dedicarse a la pintura, van Gogh se había sentido atraído por la vida religiosa como misionero entre los mineros de Valonia (Bélgica). Este es el punto de partida de la cinta, que recorre la biografía del pintor hasta su destrucción psíquica y su suicidio final. El filme emplea una fotografía muy colorista, en homenaje a las obras de van Gogh que se integran en muchas de las escenas de la película.

Kirk Douglas en plena creación artística en El loco del pelo rojo.

Otra cinta inspirada en la vida de un pintor holandés es el filme Rembrandt (Alexander Korda, 1936), película que, sin grandes pretensiones, aborda de forma brillante la vida del genio del claroscuro. La cinta está protagonizada por un Charles Laughton que refleja muy bien la psicología del personaje. Además, tanto la fotografía (a pesar de ser en blanco y negro), como la ambientación y la música contribuyen a trasladar al espectador al Barroco.

Laughton como Rembrandt en el filme de Alexander Korda de 1936.

Precursor del claroscuro de Rembrandt es el pintor italiano Michelangelo Merisi, conocido como Caravaggio. El pintor inspiró un biopic dirigido por Derek Jarman en 1986. La cinta es curiosa, puesto que su fotografía se inspira en el Manierismo (corriente a la que se adscribe el pintor). Sin embargo, resultó muy controvertida en su momento al incluir anacronismos como un camión o una máquina de escribir cuya única finalidad es, aparentemente, escandalizar al espectador purista.

Otro filme que refleja la vida de un artista italiano es El tormento y el éxtasis (Carol Reed, 1965), que recrea la ejecución de las pinturas de la bóveda de la capilla Sixtina por un atormentado Miguel Ángel. Se dice que el papa Julio II, mecenas del pintor, tuvo frecuentes disputas con el florentino a causa de la demora en la entrega de la pintura. Cuentan que en una ocasión, el pintor y el papa llegaron a las manos. Esta rivalidad se refleja en la película en un duelo interpretativo entre Charlton Heston que encarna a Miguel Ángel y Rex Harrison que interpreta el papel del pontífice.

Heston y Harrison en plena disputa en El tormento y el éxtasis.

Otro país que ha dado al mundo grandes pintores es Francia. Una de las mejores películas inspiradas por un artista galo es Moulin Rouge (John Huston, 1952), una emotiva película que recrea la vida de Toulouse-Lautrec. Este pintor post-impresionista es uno de los personajes más curiosos del final del siglo XIX en Francia: procedente de una familia noble, sufrió un accidente en su infancia que le dejó graves secuelas y lo arrastró a una vida de alcoholismo en ambientes marginales. Sus cuadros reflejan personajes de estos ámbitos, como prostitutas y bailarines de cabaret. El pintor también es un personaje secundario del musical homónimo de 2001.

El actor portorriqueño José Ferrer es Toulouse-Lautrec en Moulin Rouge.

Contemporáneo de Toulouse-Lautrec fue el genial Pierre-Auguste Renoir. La aportación de Renoir al cine es doble. En primer lugar porque su vida inspiró un biopic en el año 2012 dirigido por Gilles Bourdos que cuenta la relación que se establece entre el pintor otoñal y una joven modelo. Además, Auguste Renoir fue el padre de Jean Renoir, uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos. A lo largo de toda la filmografía de Jean Renoir se aprecia la influencia estética y temática de la pintura de su padre. Especialmente evidente resulta en Una partida de campo (1936), cortometraje en que muchos de los personajes y escenas parecen sacados de los cuadros del padre del director.

Jean y Pierre-Auguste: un padre y un hijo que supieron revolucionar dos disciplinas artísticas.

La pintura moderna también ha servido como inspiración al séptimo arte. Ejemplos de esto son los filmes inspirados en la vida de Amedeo Modigliani (la irregular película Modigliani de 2004 y la muy digna Los amantes de Montparnasse de 1958), o el filme Pollock (Ed Harris, 2000), que recrea la trayectoria del principal exponente del Expresionismo Abstracto.

Convergence (1952), una de las obras de Jackson Pollock, máximo exponente del Expresionismo Abstracto.

En algunos casos es una única obra la que inspira una película. Este es el caso de La joven de la perla (Peter Webber, 2003), que recrea la concepción de esta obra maestra de Johannes Vermeer, y La dama de oro (Simon Curtis, 2005). Este último filme cuenta la lucha de la sobrina de Adele Bloch-Bauer para recuperar el retrato que Gustav Klimt había pintado de su tía. El cuadro fue confiscado por los nazis a la familia de esta mujer, de origen judío y, tras la guerra, acabó en un museo austriaco hasta que en 2006 fue restituido a los familiares de la retratada.

Retrato de Adele Bloch-Bauer I, protagonista de La dama de oro.

¿Y en España? Una de las películas españolas más poéticas es El sol del membrillo (1992), documental de Victor Erice que refleja el proceso creativo del pintor hiperrealista Antonio López a la hora de pintar un membrillero de su jardín. Pero, sin duda el pintor español que más veces ha aparecido en la gran pantalla es Francisco de Goya. Quizás el filme más fiel a la figura histórica del pintor sea Goya en Burdeos (Carlos Saura, 1999), en que un Paco Rabal en estado de gracia da vida a un Goya otoñal que rememora su vida.

Paco Rabal como Goya en Goya en Burdeos.

 

Antón L. Martínez

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