Mujeres detrás de la cámara

El pasado día 8 de marzo se celebró el Día de la Mujer Trabajadora. Como todas las efemérides conmemorativas y reivindicativas, esta fecha es un buen momento para comprobar el largo camino recorrido y el larguísimo camino que queda por delante hasta la equiparación de hombres y mujeres en todos los ámbitos sociales, laborales y económicos. En el mundo del cine han destacado actrices como Katharine Hepburn, Hedy Lamarr, Catherine Deneuve u Olivia de Havilland, mujeres que rompieron los moldes y que supieron imponerse en un mundo muy dominado por los hombres. Sin embargo, el cine ha arrumbado a las mujeres de la labor de dirección, a pesar de que algunas directoras han realizado contribuciones capitales en el mundo cinematográfico. En esta entrada de El Secreto de Berlanga vamos a repasar algunas de estas mujeres imprescindibles y sus obras más destacadas.

En los inicios del cine las mujeres jugaron un papel crucial a pesar de que, retrospectivamente, su nombre quedó eclipsado por el de sus compañeros. Así, la francesa Alice Guy fue la primera persona que utilizó el cine para contar una historia con el cortometraje de 1896 El hada de los repollos. Guy era la secretaria de Léon Gaumont, uno de los primeros empresarios cinematográficos, y la responsable de haber convencido a Gaumont de las posibilidades del cine. A pesar de haber filmado más de 1000 películas, el nombre de Alice Guy quedó eclipsado por el de su compatriota Georges Méliès. A continuación se muestra un filme documental de Alice Guy, aquel que rodó en España hacia 1905:

Otra de las grandes pioneras del cine es la americana Lois Weber. A ella se le debe el primer largometraje de la historia: El mercader de Venecia (1914). También fue la responsable del rodaje de la primera escena de desnudo en la historia del cine (por lo menos fuera del ámbito de la pornografía). Weber también fue una pionera a la hora de utilizar el cine para defender que las mujeres debían de tomar las riendas de su sexualidad, llegando a rodar un corto llamado ¿Dónde están mis niños?, en que defendía el uso de medidas anticonceptivas (y de métodos eugenésicos, muy en boga en esa época). La figura de Weber quedó eclipsada por la del director David W. Griffith, responsable de El nacimiento de una nación (1915).

Fotograma de Hypocrites (Lois Weber, 1915), considerado el primer desnudo de la historia del cine.

En la década de 1920 destaca la figura de la directora francesa Germaine Dulac, que fue capaz de combinar el cine con las vanguardias artísticas en su película surrealista La concha y el cura (1928). Coetánea de Dulac es la alemana Lotte Reininger, directora de Las aventuras del príncipe Achmed (1926), primera película animada de la historia.

Fotograma de Las aventuras del príncipe Achmed, filme realizado con siluetas de cartón.

En la década de 1930 destaca Leni Riefenstahl. Esta directora motivó quizás la mayor revolución de toda la historia del séptimo arte; sin embargo, tal y como vimos en su momento, puso su genialidad al servicio del partido Nazi, motivando su condena al ostracismo. Sin embargo, Riefenstahl no fue la única alemana destacable en el mundo del cine puesto que la República de Weimar supo potenciar el papel de las mujeres en el arte. De esta manera, en aquella época destacan figuras como Ella Bergmann-Michel, pionera del cine documental; Leontine Sagan (de nacionalidad austriaca aunque formación alemana), que abordó por vez primera el lesbianismo en el cine, o Henry Porten, una de las primeras mujeres en dedicarse a la producción cinematográfica.

Leni Riefenstahl

Sin embargo, también en EEUU había directoras que brillaban con luz propia como Dorothy Arzner, que fue capaz de subvertir los estereotipos sexuales tradicionales con filmes como Nana (1934); Maya Deren, madre del cine underground, o Ida Lupino, la única mujer que firmó obras de cine negro como El autoestopista (1953), basada en la historia de un asesino en serie que había conmocionado al país unos meses antes.

La actriz y directora de cine negro Ida Lupino.

A partir de la década de 1960, en los movimientos renovadores las mujeres jugaron un importante papel. El ejemplo más claro es la belga Agnés Varda, que recibió el Óscar Honorífico en la pasada edición de los premios. Varda es considerada como la madre de la Nouvelle Vague francesa, puesto que su filme La pointe courte (1952) es la primera muestra de esta escuela cinematográfica. En Francia también destaca Margarite Duras, conocida sobre todo por su faceta como novelista con sus pseudoautobiografía El amante (1984), pero que también supo renovar el lenguaje cinematográfico. En Alemania destaca Margarethe von Trotta, enmarcada dentro del nuevo cine alemán, directora de películas como El honor perdido de Katharina Blum (1975), crítica del sensacionalismo periodístico, o el biopic Hannah Arendt (2012), sobre esta filósofa política.

Agnes Varda, la madre del cine de la Nouvelle Vague

En 2009 se marcó un hito en la historia del cine: la directora americana Kathryn Bigelow logró el Óscar  al mejor director por su trabajo en En tierra hostil, que narra la historia de una brigada de artificieros estadounidenses durante la Guerra de Irak. Gracias a ella y a otras figuras como Sofia Coppola, Jane Campion o Greta Gerwig, las mujeres han empezado a destacar detrás de las cámaras de Hollywood en los últimos años.

Las cinco directoras nominadas al Óscar al mejor director (en sentido horario desde arriba a la derecha y con su filme y año de nominación entre paréntesis): Jane Campion (El piano, 1994); Sofia Coppola (Lost in translation, 2003), Greta Gerwing (Lady Bird, 2018) y Lina Wertmüller (Pasqualino Siete Bellezas, 1977). En el centro, Kathryn Bigelow, ganadora del Óscar a la mejor dirección en 2009 por En tierra hostil.

¿Y en España? Pues en nuestro país las primeras directoras empezaron a realizar su trabajo en tiempos de la Segunda República. Así, figuras como Helena Cortesina, directora de El gato montés (1935), han sido injustamente olvidadas. Posteriormente destacarían directoras como Margarita Aleixandre (que firmó trabajos conjuntos con su marido Rafael Torrecilla), y Ana Mariscal. Mariscal es un caso muy singular, puesto que produjo, dirigió y escribió películas como El camino (1963). Ya en plena Transición destacan Pilar Miró, autora de obras como El crimen de Cuenca (1979), que le valió un juicio militar, o Josefina Molina, directora de una de las mejores series de TVE: Teresa de Jesús (1984). Hoy en día, directoras como Carla Simón con su Verano 1993 o Isabel Coixet con La librería, ambas premiadas en la última edición de los premios Goya, ejemplifican la importancia de las directoras en el cine español, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

La cineasta Pilar Miró, uno de los personajes más relevantes de la cultura española de la década de 1980.

Antón L. Martínez

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