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Desencanto: Una buena serie que todavía tiene que madurar

Este verano, que por desgracia está acabando, Netflix nos sorprendió con la serie que pretende ser una de las gallinas de los huevos de oro de la famosa plataforma: Desencanto. Esta serie, firmada por el mismísimo Matt Groening (ni más ni menos que el creador de los Simpson) nos ponía a muchos los dientes largos, deseando encontrarnos con una serie tipo Futurama en la efectiva Edad Media. Pero, como era de esperar, tanta expectación siempre nos da demasiadas expectativas, y eso se acaba resumiendo en críticas. En general, lo que se ha dicho con respecto a la serie fue un quiero y no puedo, un “no está mal pero me esperaba más” teniendo en cuenta sus pasados éxitos.

Pues tampoco es para tanto, la verdad. Es cierto que la serie no es una maravilla, de hecho hay capítulos que pasan sin pena ni gloria, pero si lo analizamos en general, no me parece una mala serie. Desencanto tiene ese humor sátiro y absurdo que siempre ha identificado al director, se puede ver la esencia de sus series animadas, siempre tan particulares y originales. El problema general que le veo son sus personajes, ya que salvo un par de ellos, el resto no da mucho juego, están muy poco aprovechados. Tal vez el personaje más atractivo es ese diablo extraño que desde el primer capítulo se acopló a la protagonista. Su ironías y los momentos absurdos le dan un toque muy divertido, destacando por su fanfarronería. Sin duda mis momentos favoritos del personaje son esos en los que al personaje le golpean como si de un muñeco de trapo se tratase. Por un lado, impone con un poder temible que puede llegar a tener un diablo, pero por otra parte, en la mayoría de los capítulos muestra una fragilidad y falta de carisma que congenia muy bien con el resto de los protagonistas. Digamos que es como una versión suave de Bender, pero evidentemente, no le llega a la suela de los zapatos al mítico robot de Futurama.

La protagonista de la serie, Bean, tiene ciertos altibajos en varios capítulos, llegando a sobrar en ciertas escenas, pero hay momentos en los que vemos a un personaje muy divertido, destacando por sus borracheras interminables o su personalidad impulsiva, sin pensar ni un segundo en  los inconvenientes de sus alocadas decisiones. Lo mejor que tiene este personaje es que sus características tan marcadas dan bastante juego, de ahí pueden salir muchas historias graciosas. Tal vez la situación que más me ha gustado de la protagonista es en la que está encerrada en el convento, una divertida situación llena de ironías y críticas a nuestra sociedad con toques de inocencia por parte de la protagonista que le dan juego para crear situaciones de lo más rocambolescas.

Tal vez el personaje que menos me gusta de la serie es el Elfo, un estereotipo muy mal llevado. El enanito verde es el típico idealista que siempre se está quejando de su mala suerte y no propone ninguna alternativa con peso suficiente como para quitar protagonismo a otros personajes. Ésta es quizás una de las desventajas que tienen las series animadas con respecto al resto de las producciones, la falta de un actor que destace por su carisma, algo necesario para hacerse un hueco en el transcurso de la serie. Espero que en las siguientes temporadas le den una personalidad más elaborada al personaje, porque si se hace bien puede dar mucho más de sí.

Estos tres personajes son los protagonistas de la serie, pero eso no quiere decir que no haya secundarios recurrentes muy interesantes. Pequeñas joyas como el cerdo parlante o el curioso personaje que se dedica a dar avisos o noticias varias se están convirtiendo en pequeños toques absurdos que mejoran la calidad de la serie. En cambio hay ciertos personajes que no me han resultado nada interesantes, como es el caso del Rey, el padre de la protagonista. Salvo ciertas escenas en las que está acompañado, la mayoría de sus momentos resultan largos y pedantes. Tiene muy poca chispa, no acaba de resultar entrañable, creo que todavía es necesario explotar todavía más al personaje, llevándole a extremos más destacables.

En definitiva, tras ver esta primera temporada, he notado la serie demasiado suave, como si los guionistas estuviesen cortados, sin confianza. Yo confío en que para las próximas temporadas los guionistas se encuentren más cómodos y no tengan límites a la hora de crear. Desencanto es una buena serie, pero todavía necesita  un poco más de tiempo para madurar.

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