El arte del buen director

Unos posts atrás os conté en El arte del buen actor todo lo que debería hacer un buen actor para triunfar en su campo. Tanto la concentración cómo el desenlace de sus sentimientos son piezas clave para poder conseguir el objetivo deseado. Pero no sólo de actores vive el cine, ya que hay todavía una pieza clave que influye considerablemente en la calidad del filme, la persona que debería saber expresar en imágenes todo lo que tiene en mente. Me estoy refiriendo evidentemente al director.

Un director de cine es el comienzo de cada película, el desarrollo de una historia que se plasma únicamente en papel y que tiene que explicarse con imágenes, algo que muy pocos afortunados tienen la fortuna de poseer. Esa es la razón por la que, cuando se empieza a plantear la productora rodar una película, lo primero que hace es contratar un director que se ajuste a la idea que se están planteando. En ciertas ocasiones los productores exigen al director que se adapte demasiado a lo que ellos tienen en mente, provocando que éste se sienta atado de pies a mano y acabe haciendo un filme muy diferente al que nos tiene acostumbrados, como puede ser el caso de JJ Abrams en Star Wars o Tim Burton en Alicia en el país de las maravillas (Disney nos tiene muy acostumbrados a estas situaciones); llegando incluso los mismos productores a censurar ciertas escenas, creando desbarajustes incomprensibles que descolocan completamente la historia. Un ejemplo muy claro se pudo ver en Batman VS Superman, el miedo al fracaso supuso que se modificasen ciertas escenas, provocando una consecución de situaciones que no encajaban los unos con los otros. De ahí que a mucha gente no le haya llegado a convencer. Sin duda la completa libertad de un director a la hora de hacer una película es más que necesaria, dejando así que la creatividad surja y el director consiga expresar con imágenes una historia escrita. Un ejemplo muy claro lo podéis ver con Clint Eastwood, el director de grandes filmes como Sin Perdón o Gran Torino hizo sus mejores películas cuando comenzó a producir sus propios trabajos con su productora Malpaso. Al no tener ningún jefe por encima, el director tuvo plena libertad a la hora de crear, consiguiendo hacer unos trabajos más personales, más fieles a su estilo.

Para que un director llegue a lo más alto es imprescindible que tenga una identidad propia, ciertas características que le diferencien de los demás, los mejores directores de cine son los que consiguen que el espectador reconozca un filme suyo al verlo gracias a los detalles. Todos reconoceríamos un filme de Tarantino, ya que la música, los numerosos homenajes y el trasfondo clásico le delatan. En el caso de Clint Eastwood, se podría reconocer un filme suyo por la dura personalidad de sus personajes, el impecable juego de sombras que heredó de Don Siegel y el cinismo en sus diálogos. El problema surge cuando un director cree necesario copiar un estilo ya utilizado tratando de aprovechar el éxito que tuvo el original, algo que no suele funcionar. Tarantino tuvo unos cuantos imitadores, y generalmente la mayoría de los filmes eran de escasa calidad.

Otro de los factores clave que influyen mucho a la hora de ser un buen director es el trato que éste tiene con los actores. Para muchos, el actor es únicamente un instrumento más que necesita colocar para que la película llegue a hacerse, una pieza más que debería encajar en la historia. Un director debe demostrar que tiene plena confianza en el reparto, debe generar un buen ambiente que incluso puede fomentar nueva ideas mejorando así la película. Desafortunadamente, el conocido egocentrismo de muchos directores impide esta mejoría en muchos casos. Un director que incluye en su reparto a otros actores que dirigieron películas demuestra que está dispuesto a escuchar para así intentar mejorar la historia. Clint Eastwood incluyó en el reparto de sus filmes a actores que trabajaron tras las cámaras como Kevin Costner, Sean Penn, Bradley Copper o Tim Robbins entre muchos otros.

En definitiva, el arte del buen director es la pieza clave que necesita una película para demostrar en imágenes una historia que contente a todos. Hay ciertos casos en los que se consiguen (como es el caso de Greenbook), otros en los que no (como pasó con Batman Vs Supermán) y otros en los que se busca hacer una película denigrante sólo para conseguir dinero fácil (como es el caso de Cincuenta Sombras de Grey).

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¿Friki?¿Quién dijo friki? ¿sólo porque tenga un sable láser, una tardis y la filmografía completa de Clint Eastwood?¡Exagerados!
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